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Mostrando entradas de septiembre, 2018

La cuesta de Septiembre

Ha pasado ya el verano, mi hija está a punto de cumplir dos años y el tiempo pasa tan rápido que hay días que se me antojan parpadeos. Es lo que ocurre cuando tienes hijos, que pareciera que de un día para otro se hacen mayores, pero lo único que envejece aquí es uno mismo, y apenas hay tiempo para meditar, buscarse a uno mismo, vaguear o como quiera que se llame el tener tiempo libre para uno mismo. Con hijos no hay tiempo ni de mear a gusto, es así de brutal. Voy los lunes al trabajo con gusto por poder sentarme unas horas en una silla y descansar mi cuerpo un ratito. Todos los padres estamos igual, somos esclavos felices, pero esclavos a fin de cuentas. Y el que dice que no es porque tiene mucha pasta o una legión de abuelos, tíos, etc. que le dan un respiro. Para los que no contamos con esos apoyos, los días se nos van corriendo de un lado para otro al borde del histerismo.

Septiembre además es el mes del desquicie. A mí todavía no me pasa, será al año que viene cuando mi hija va…