A partir de ahora ya siempre pasaré hambre (Scarlata O'Hara) a la inversa
Esta semana me han ocurrido varias anécdotas que me han convencido vehementemente de que debo perder peso sin remolonear más. De hecho, ya he perdido un par de kilos pero en un mes no es nada, no he bajado mucho lo que se dice de barriguita, y eso es lo que más me preocupa, que se me quede así de por vida. La primera anécdota es de hace una semana, cuando un chico insistió vehementemente en cederme el asiento en el metro, pensando en que estaba embarazada. Ya estoy harta, no puedo llevar nada medianamente ceñido a la altura de la barriguilla o la gente automáticamente piensa que estoy de varios meses. Esa misma tarde, una vecina que hacía tiempo que no veía me dijo que si había perdido al niño. Ay, madre, ¿tan hinchada estaba este verano? Luego, el lunes, un chico en el metro que hacía encuestas de nutrición, me pilló por banda y como se me hacían interminables los 8 minutos que marcaban en el panel que avisa del siguiente convoy, le respondí creyendo que gracias a mis respuestas el ...