10 noviembre, 2016

Orange is the new Black

Antes de entrar al tema de hoy quiero responder a una persona que me ha enviado comentarios muy negativos recientemente, pero que no me ha dado el pésame por el fallecimiento de mi madre por ejemplo.

Lo primero, es que soy muy feliz por el nacimiento de mi hija, y me enfada que esta persona que ya me ha enviado tres comentarios negativos no sepa que un blog personal es para desahogarse y no es un diario detallado y pormenorizado de mi estado anímico a cada minuto. Igual que no detallé y pormenoricé cuando falleció mi madre en marzo o un amigo muy quierido hace dos años, porque no es mi interés con este blog dar pena o hablar de lo que todo el mundo supone que son las cosas.

Se supone que un embarazo tan deseado y dar a luz a un hijo muy querido te llenan de felicidad, y no quiero que se malinterprete y se piense alguien que no soy feliz ni me siento dichosa por ello. La primera vez que vi a mi hija, que por desgracia al ser cesárea sólo fueron unos segundos, se me llenaron los ojos de lágrimas, igual que el subidón cuando vi la primera ecografía de Bridget junior con su corazoncito latiendo.

Pero claro, estas cosas, incluyendo las ecografía donde bromeaba conque mi nena embrioncita tenía forma de motorista, se las cuento a mis amigos más íntimos. También las angustias por los sangrados y las llamadas a urgencias a las once de la noche no las cuento aquí.

Lo que cuento es lo que no les cuentan a las embarazadas y parturientas y es que, aunque una sea tremendamente feliz, esto no es el cuento de la princesa en el que después de casarse comieron perdices y chimpún. Que después de conseguir el embarazo que me ha costado ocho años de sufrimientos y muchos tratamientos y pensalidades, no se relaja una y ya está todo hecho, que hay que seguir peleando día a día. Pero esto igual que cuando aprobé la oposición. Por supuesto que lo celebré durante un par de meses pero esto no quiere decir que ahora no tenga que trabajar día a día y que el trabajo no se haga pesado algunos días. Y eso no quiere decir que no sea feliz por haber aprobado la oposición.

Hay algunas mujeres que deben ser de la secta de las Buenas Madres que parece que ser madre significa que tienes que sufrir en silencio hasta las almorranas. Y de esto es lo que quiero quejarme a veces en mi blog. Que nadie se piense que las cosas son tan fáciles después del pipitest positivo.

Pero vamos, si es preciso que le dedique un post entero a mis emociones durante el embarazo, parto y postparto o si es preciso para que me creáis que os cuente la emoción que siento cada vez que mi hija me mira con esos ojitos preciosos que tiene os dedico varios posts. Pero suponía que eso todo el mundo lo daba por descontado. Lo que quería contar, como blog de tipo humorístico que pretendo que sea este blog, es contar lo que nadie no te cuenta.

Un compañero mío de trabajo por ejemplo, me define su rol de padre como el de "un esclavo muy esclavo pero feliz" y nos cuenta en el café los avatares diarios: Niño con bronquitis que ha tenido que llevar a urgencias y le ha tenido en vela toda la noche, niña que en una rabieta ha tirado el plato con la papilla y ha puesto perdido todo hasta las paredes, problemas para conseguir una vacuna que ha tenido hasta que ir a Portugal a por ella o las estrecheces del mes de agosto para poder comprar los libros de texto de su hijo mayor...

Y no por eso pienso que mi compañero no quiera a sus hijos o esté harto de ser padre. Creo que con esto dejo claro mi postura y espero no recibir más comentarios de la persona que ya sabe quién es.

Volviendo al título del post, hago eco del hecho de que el señor naranja (Pato Donald llamaremos) ha relevado en el trono mundial al señor negro (Mabus para los seguidores de Nostradamus).

Si nos hacemos eco de las dichosas profecías del monje francés o de algún otro profeta de esos que les gusta hablar en latinajos y con acertijos, no sea que de ser tan claros acaben no acertando ni la quiniela de este fin de semana, resulta que este señor Naranja (esto parece Reservoir Dogs), no debería acceder a su cargo porque antes se acabará el mundo, o al menos comenzará el temido Apocalipsis.

Así que por eso era por lo que la Merckel nos instaba a hacer acopio de agua mineral, latas de fabadas y camping gas.

Y también por eso es por lo que los paranoicos Preparedness de los Estados Unidos han decidido que deben dar uso a los silos y bunkers que han ido construyendo y por eso han votado a un individuo que nos llevará a la tercera guerra mundial ni nadie lo remedia.

Y ahí me entra la mala leche, porque me pilla con una bebita, como en las películas de desastres. Espero que mi hija sobreviva a la hecatombe que se avecina. Amén.

06 noviembre, 2016

Lo que no te cuentan del Posparto

Mañana harán seis semanas desde que di a luz a mi Bridget junior por cesárea. 

Fue la opción acertada dado lo complicado y los riesgos que podría tener un parto vaginal, y realmente he tenido pocas complicaciones físicas, aunque debo decir que lo que peor me sentó fue la anestesia, la epiraquial puesta además en una zona lumbar más alta de lo normal debido a problemas en esa zona por hernias discales.

Habiendo pasado innumerables operaciones, he de decir que esta vez ha sido la que más tiempo he estado en reanimación y hubo un momento en el que me entró miedo a que me hubiesen dejado parapléjica, porque pasaban las horas y no recuperaba la sensibilidad en las piernas, viendo además como pasaban a planta a otras chicas que habían operado más tarde que a mí.

Finalmente subí a planta y pude estar con mi nena. La había recibido mi marido a media mañana y le había dado ya un biberón y estaba aprendiendo a cambiarle los pañales y esos cuidados mínimos.

El problema de la cesárea es que no te sube la leche de inmediato, y en mi caso realmente no me subió nunca y cuando lo hizo tímidamente a la semana, yo ya no podía darle el pecho a mi niña porque estaba medicada para una secuela del parto que fue la eclampsia , y por otra parte mini Bridget ya se había acostumbrado al biberón.

La lactancia materna es lo mejor para un bebé pero existe en mi opinión una presión excesiva para que se practique, incluso cuando en mi caso es tan difícil que ocasiona un estrés en la madre y un riesgo en el bebé, pues mi hija perdió muchísimo peso en la primera semana dado que los complementos de biberón que nos daban en el hospital eran ridículos.

Otro problema de los hospitales es que no se duerme ni se descansa ni a tiros. Por las noches la niña estaba con los cólicos y lloraba como una descosida y, por las mañanas, que la niña dormía, entre los médicos, enfermeras y visitas no había un Dios que pudiera echar una mínima cabezadita.

Acabé al tercer día con una jaqueca horrible y una subida de tensión. Como digo, sería por la eclampsia pero yo creo que fue realmente por no dormir estando delicada como estaba.

Otra cosa que no entiendo es por qué son tan altas las camas de los hospitales, sobre todo para las que estamos con una tremenda cicatriz en el vientre que tienes que pensártelo dos veces antes de bajar de la cama para ir al baño.

Y, para remate, no entiendo por qué no hay una mesita y una silla para comer de forma cómoda, que es muy aparatoso el tema de la bandeja sobre la mesilla-mesita que es muy baja para comer en la cama y tienes que agacharte un montón y es muy alta para comer usando la silla que hay junto a la cama. Imposible no mancharse o acabar con dolor de espalda.

Las visitas, aunque de verdad que agradecí todas, el problema es que no te pillan ni medio bien. A algunos amigos o parientes no tan cercanos intenté desviarlos para que vinieran a vernos más adelante, ya en casa, porque de verdad que es agotador como digo, tener a un bebé contigo, con los médicos y las enfermeras pasando y tocándote las tetas para ver si te ha subido ya la leche, mientras tu primo o tu compañera de trabajo te está contando que a tal o a cual amiga le tuvieron que poner pezoneras porque tenía grietas...Vamos, intimidad cero, pudor menos uno.

De verdad que cuando entré por la puerta de casa respiré aliviada y contenta. Por fin me podría lavar el pelo en condiciones y no en tres minutos y con una esponja de estropajo, con la enfermera de turno agobiándome para que desayune en dos minutos que viene a despachurrarme la barriga luego el ginecólogo.

Esa es otra, ya no eres una mujer, eres una vaca a la que pueden meter la mano para hacerte un tacto vaginal, sacarte trozos de placenta y subirse encima para comprimirte el útero. Cero consideración, cero sensibilidad, cero dignidad.

Luego el glamour de los camisones y los compresones merece un capítulo aparte. Me regañaron por lavar las bragas en el lavabo, pero es que con esas compresas sin alas ni pegamento ni nada era imposible no ponerse completamente pringada de sangre y a ver dónde conseguía yo veinte bragas de algodón tamaño abuela.

Otro consejo que os doy es que no llevéis bragas desechables de esas de rejilla. Con las grapas que te ponen se enganchan, y yo bien que lo pagué porque se me saltaron dos. Y no te las vuelven a grapar, ahí te quedas con tu cicatriz y ándate luego con cuidado de que no se te infecte.

Lo que sí puedo decir es que a mi niña sí que la trataron estupendamente, salvo el tema del suplemento de la leche por lo demás salió la niña con su tarjeta de revisión sanitaria que parecía la de la ITV de mi coche. A la nena le hicieron un montón de pruebas y otras tengo que ir a hacérselas en breve también en el hospital. Supongo que los bebés son el futuro de España y hay que cuidarlos como oro molido porque a fin de cuentas serán los que nos paguen las pensiones. (Bueno, esto es una ironía, porque si mi hija tiene que pagarnos dos pensiones, a su padre y a mí, vamos bien dados).

Bueno, os dejo que mi nena me reclama la toma. Os contaré luego lo del tema cólicos y el jetlag continuo por no poder dormir más de una hora seguida. Y los temas familiares y la gente que con el tema de intentar ayudarte te marean más que otra cosa.




21 septiembre, 2016

Parto inminente !!!!!!

Ya tengo fecha para provocarme el parto, será el próximo lunes día 26 de septiembre. Ingresaré el fin de semana porque mi embarazo es de alto riesgo, la edad, abortos y operaciones previas y la cantidad de medicación que llevo encima hacen que deba estar todo muy controlado.

Ahora que ya podré en breve tener a mi bebé en brazos he de confesar que me siento muy nerviosa, porque espero que vaya todo bien, pero no puedo evitar tener algo de preocupación.

Desde los siete meses he tenido que lidiar con el tema de la diabetes y lo he controlado bastante bien, pero he precisado de insulina, lo cual ha sido un auténtico incordio, me han controlado más que a muchos diabéticos que se pinchan insulina todos los días, y ha supuesto un gran esfuerzo, sobre todo al estar todo el día fuera de casa.

También esta etapa final ha estado salpicada de sobresaltos, ya que he tenido tensiones familiares que prefiero no explicar porque es una situación muy compleja la que se está dando, con mi padre en una residencia y mis hermanos con problemas para salir adelante, pero creo que he hecho lo que debía que es concentrarme en mi bebé que es lo más importante en este momento.

Más adelante habrá tiempo para sentarme con ellos a buscar una solución, aunque la verdad que creo que poco puedo hacer yo por cambiar un panorama que venía siendo negro desde hace más de veinte años, pero que ninguno en mi familia lo ha previsto y ha puesto solución con tiempo suficiente.

Volviendo al tema parto, me harán una cesárea aunque no sé todavía qué tipo de anestesia emplearán, porque es posible que no me puedan poner epidural. Como digo, todos estos detalles me preocupan, un bebé es muy delicado y si para la mujer es un auténtico trago pasar por un parto, para el bebé no es menos problema, porque sufre más riesgo aún.

Aparte del tema médico, el dar a luz conlleva una serie de burocracia que hay que gestionar y me angustia tener que delegar en mi marido trámites y gestiones a las que hasta ahora no le tenía acostumbrado.

Debo reconocer que prefiero encargarme en persona, pero estar postrada en cama con una raja de lado a lado y un montón de goteros, con un bebé al que debes amamantar cada dos o tres horas no permite hacer nada que no sea enviar como mucho un mensaje por el móvil. Y esto me preocupa mucho, hay gestiones que se deben realizar en forma y plazo, no entiendo cómo hay que llevar papeles tan pronto cuando das a luz, que los plazos sean tan cortos cuando la madre está postrada en cama sin poder moverse, y que además existan lagunas como qué hacer cuando tu bebé no está todavía incluido en tu seguro médico pero necesitas llevarle al pediatra. Supongo que solución hay para todo pero en el curso para ser madre no te explican ciertas cosas y es doblemente duro porque tienes que hacer gestiones cuando ni tu cuerpo ni tu mente te lo permiten.

Aunque el tema laboral queda aparcado unos meses, no ocurre así con el tema profesional o con las gestiones que como persona adulta debes realizar como pagar impuestos o encargarte de tu patrimonio.

Por ejemplo, tengo mi pisito de soltera alquilado y debo ocuparme de los imprevistos que surjan, y aunque puede haber cierta flexibilidad, hay cosas que no puedo delegar. Lo mismo ocurre con ir a firmar papeles al notario por tema de herencias, he tenido que pegarme una paliza a resolver cosas pendientes con un bombo que apenas me deja moverme porque lo que la gente no sabe es que a partir de la semana 37 (ocho meses y medio) como tengas un bebé grande se encaja de tal manera que parece que te estés orinando a cada momento, con lo que andar se convierte en una tortura.

Para acabar, aunque no la he visto, voy a criticar la película esta de Bridget Jones. Para empezar, es cine ficción considerar que una mujer de más de cuarenta años se queda embarazada por un descuido de una noche loca y que el embarazo se le da como la seda. Eso es más increíble que Alien versus Predator, por Dios, luego la gente va por ahí pensando que esto de embarazarse es  tan sencillo como sacar una chocolatina de una máquina dispensadora.

También me ha llamado la atención el caso de una señora de 62 años embarazada gracias a la falta de escrúpulos de algunos médicos.

Si bien es difuso poner límites a la edad máxima en la que una mujer debería quedarse embarazada, porque todo depende del estado físico para empezar, también es cierto que hay que considerar la esperanza de vida. Dicho esto, también habría que prohibírselo a los hombres, por el mismo motivo, y me viene a la cabeza el caso Papuchi, y otros no tan exóticos pero más frecuentes. Hay hombres teniendo hijos a los setenta años y nadie se mete en que la situación sea esperpéntica, que parecen abuelos más que padres.

Si se ponen límites, que se pongan en todos los casos. Y lo más importante: Que se piense en el bienestar de esos hijos que se traen al mundo. ¿Es lícito permitir que una pareja tenga veinte hijos estando los dos en la miseria o habría que secuestrar a los padres y esterilizarlos cuando ya hayan completado el cupo de lo razonable? ¿Y quién dicta lo razonable? ¿Vamos a ser como los chinos que llegaban a obligar a abortar a mujeres por cumplir los cupos legalmente establecidos?

Os dejo eso para que reflexionéis un poquito.






28 julio, 2016

Entrando en la recta final del embarazo

Ayer cumplí los 7 meses de embarazo. Me parece casi imposible haber llegado hasta aquí con todos los avatares vividos, sobre todo al principio del embarazo, con sangrados, indicación de reposo, la muerte de mi madre, etc

Pero al final desde el cuarto mes de embarazo la cosa se estabilizó y he vivido unos meses de relativa tranquilidad, aunque esto es duro. No puedo hacer vida normal y estoy muy vigilada. Cualquier cosa que en condiciones normales se resuelve de forma fácil, embarazada y de alto riesgo supone una montaña. Por ejemplo, el mes pasado sufrí una fuerte otitis y faringitis y no he podido tomar más que un poco de paracetamol. Ha sido horrible porque me quedé sorda de un oído con pitidos y zumbidos y además no podía dormir por las noches de los ahogos y ataques de tos.

Trabajando y con la agenda extralaboral con citas y compromisos se hace muy cuesta arriba.

Respecto a mi agenda he tenido que renunciar a muchos compromisos. De entrada, la mayoría de compromisos sociales por precaución. Apenas he podido ir a un cumpleaños y porque el organizador se apiadó de mi estado y organizó la quedada en horario y sitio adecuado a mi estado.

Mi cumpleaños (47 añazos nada menos ya) que fue hace poco tuve que poner como condición indispensable para celebrarlo que terminase antes de las 10 para poder volver a casa a ponerme la inyección de la noche. Y también porque aunque no estoy en general cansada, cuando llegan las once y pico de la noche, ya no puedo ni con mi alma.

De los compromisos profesionales, también he tenido que cancelar muchos de ellos, y algunos intentando cambiarlos a un formato online mucho más cómodo en mi estado.

Aún así los pocos que no he tenido más remedio que acudir se me han hecho cuesta arriba, sobre todo desde que ha empezado el calor tan fuerte a apretar.

Hubo un día que me subió la tensión y tuve que anular un compromiso en el último momento porque estaba en el ambulatorio viendo si me enviaban al hospital o no. Al final quedó en un susto pero os podéis imaginar lo que supone compaginar una vida normal con un embarazo de alto riesgo.

Recientemente me ha aparecido diabetes gestacional y estoy todo el día controlándome los niveles de glucosa y con una dieta que se asemeja muchísimo a la Dukan para embarazadas (me la dieron en el hospital). Ya no es que no pueda tomar nada con azúcar, es que me han restringido al máximo hasta cosas tan inocentes como las patatas, el pan, el arroz, la pasta o las legumbres. Tengo que comer todo a la plancha o hervido y con poquísima grasa.

Si ya la dieta de una embarazada es muy limitante, imaginaros si encima tienes para comer sólo cinco o seis cosas y para beber sólo agúita fresca. Porque además me han quitado el café, claro. Y la cerveza sin alcohol no es apta para diabéticas gestacionales.

En breve me valorarán si además me tengo que pinchar insulina.

Imaginaros lo que supone salir a comer fuera con estas limitaciones. El plan propuesto por los médicos para mi día normal sería así: Levantarme a las 8, tomar una pastilla, ducharme, vestirme, a las 8:30  otras dos pastillas, pincharme un dedo para medir el azúcar, desayunar, paseo de 45 minutos, volver a casa a las 10:00, otro pinchazo en el dedo, medir azúcar, a las 12  tomar un minúsculo tentempié, a las 15:00  pinchazo de control, comida (verdura hervida y carne o pescado), paseo hasta las 16:15, control de glucosa,  minitentempié a las 18:00, control a las 21:00, cena, paseo hasta las 22:15, pinchazo de control, inyeccion de heparina a las 22:30, una hora de reposo, vaso de leche a las 23:30 y a la cama entonces. Parece que en vez de control de diabetes para embarazada me estén entrenado para los Juegos de Río.

Aún así nos dejaron irnos unos días fuera a la playa, claro que tomando el sol poquito y con factor 50. Ah, y baños con cuidado y cambiándose el bañador nada más salir del agua.

Por supuesto el Toro Loco sólo lo vi de lejos y bailar de madrugada tampoco con semejante plan de horarios, comidas y paseos. Como extras sólo karaoke, ver algún espectáculo y nadar un poquito.

Así Benidorm se queda sin ninguna gracia, pero bueno, por lo menos nos hemos evadido un poco y he podido coger algo de color de persona humana y no de cadáver como tenía antes.

Ahora estamos ya preparando la habitación de la niña. Y sobre todo haciendo economías para poder preparar lo necesario sin salirnos del presupuesto.

Hoy me han hecho una ecografía en 4D y nuestra nena ya pesa 2k. Nos va a salir grande y no me veo yo pariendo vaginal una cachalota de 4k, pero si hay que hacerlo se hará, buena soy yo desde luego.

Estoy contenta porque, aunque la cosa pinte que va a cesárea mi diabetes no ha afectado a la nena, aunque tengo que tener mucho cuidado tal y como me dijo el ginecólogo.

Los médicos claro está, dan consejos pero no cómo compaginarlo con un trabajo en el que me levanto a las 6 de la mañana y no llego a casa hasta las 4 de la tarde.

Porque lo de los paseos de 45 minutos después de las comidas principales estarían muy bien si no tuviera otra cosa que hacer y si estuviéramos en abril en vez de en el mes del calor infernal.

Pasear a las 5 de la tarde en el mes de julio y agosto en Madrid será muy bueno para el azúcar pero la insolación que pillas creo yo que no será muy bueno ni para mí ni para mi bebé.

Bueno, os iré contando más según se acerca la fecha de parto.


19 abril, 2016

La vida sigue

Muchas gracias por vuestros comentarios que me habéis enviado dándome el pésame. También quería dar las gracias a mis amigos y conocidos que me han animado estos días.

Como titulo arriba, hay que seguir adelante y más ahora que voy a ser madre. Vendrá una niña, ya lo ha confirmado el test genético y todo de momento pinta bien. Parece que he superado los sangrados y problemas que me tenían en reposo en casa y pronto podré hacer una vida más o menos normal.

Y digo más o menos porque ya me puedo olvidar de hacer deporte, hacer esfuerzos o agotarme en exceso, porque ya me han recalcado los médicos bien claro que mi embarazo es de riesgo.

Tengo que dedicar otro día una entrada extensa humorística sobre las recomendaciones que nos hacen los médicos en general, porque algunas no tienen desperdicio, parece que los pacientes somos ricos y regalados que olvidamos dormir ocho horas por capricho o nos levantamos de la cama para prepararnos la comida porque somos incapaces de permitir que nuestros catorce criados nos atiendan debidamente... (Notad el modo irónico de todo esto).

Como digo, parecen olvidar los médicos a menudo que vivimos un mundo real de sacrificios y pobreza y es por eso y no por negligencia nuestra por lo que la salud se nos deteriora. Obviamente, hay gente que además de pobre es kamikaze y no contentos con trabajar catorce horas pintando paredes sin mascarilla o subiéndose a andamios sin arnés, se fuman dos cajetillas de tabaco negro y engullen bocadillos de tocino con una botella de vino peleón.

Si antes de quedarme embarazada no conocía gran cosa del mundo del embarazo y lo estoy aprendiendo a marchas forzadas, ahora lo que veo es que no conozco nada es del mundo del bebé del siglo veintiuno. Hay tanta tecnología y recomendaciones que parece imposible criar un bebé sano sin volverse majara.

Hay cosas paradójicas. Por ejemplo, para las escuelas infantiles públicas (antes llamadas guarderías), hay que echar la inscripción antes de que el bebé nazca, para no quedarse colgado. El problema es que la oferta es escasa, la más cercana me queda a un km y la mayoría a más de tres, que para ir con un bebé es imposible si va solito uno de los padres, como será nuestro caso.

Ves el baremo y parece paradójico. Te dan cinco puntos si trabajan ambos padres pero luego ves la puntuación por renta y parece imposible que trabajando dos personas a jornada completa ganen entre los dos menos de seiscientos euros brutos al mes. A menos que seas vendedor ambulante de ajos y de bragas en mercadillo  no parece que salgan las cuentas para obtener la máxima puntuación en ambos apartados, por no hablar de temas de discapacidad.

Si ambos padres trabajaban todo el día de vendedores ambulantes de melones y van en silla de ruedas es posible que consigan una de las pocas plazas que ofrecen estos centros. Pero, me pregunto yo: ¿No es una insensatez traer hijos al mundo en semejantes penurias? ¿Es que eso no se puntúa?

Nos tocará por tanto pagar un centro privado, pero el problema es que los centros privados no abundan en mi barrio y además tienen una ideología y una condiciones de entrada (por no hablar del precio) un tanto peregrinos. Aparte de que, como madre, no tengo ganas de llevar a mi bebé desde los tres meses a un sitio con pinta de secta, por muy bonitos que tenga los toboganes y muy limpias que tenga las cunas.

Como veis, la profesión de madre es dura, más de lo que yo había imaginado en un principio. La conciliación un mito, que todavía no he dado a luz y ya he perdido una oportunidad profesional, y me sabe mal, porque esto de llevar un bombo que no te permite planificar tus compromisos con más allá de un mes de antelación no les ocurre a los hombres, no al menos a todos, aunque sí es cierto que los padres de clase media se involucran mucho más (a la fuerza) en el cuidado de los hijos y eso también les pasa factura profesional.

No sé, debería estar todo coordinado, disponibilidad de centros para niños, horarios y vacaciones, personal para atender a los bebés en casos especiales y los horarios de trabajo.

Se me ocurre que hay demasiada reunión presencial y presentismo en general. Hay profesiones donde no se puede teletrabajar mucho, como por ejemplo un conductor de autobús o un médico de urgencias, pero muchas de las profesiones de las de oficina sí y si no está regulado es por la cultura machistoidea tradicional de la comida de tres horas con copa y puro y las ganas locas del jefazo de trincar gente por banda a las ocho de la tarde para irse de cañas para no estar en casa en el momento del baño de sus hijos,  y poder así hacer acto de presencia cuando ya están dormidos.

Mientras los ricos empresarios que tienen cinco niñeras y ocho criados domésticos nos impongan sus horarios y presencia en la oficina, la productividad y la calidad de vida de este país seguirá siendo lamentable. Por no hablar de la caída de la natalidad, hace falta ser superman y superwoman para ganar mil euros y lanzarse a tener hijos sin ayudas de ningún tipo y con un trabajo de catorce horas diarias de horario real.



01 abril, 2016

Adiós mamá

Cuando parecía que las cosas se enderezaban, la fatalidad me ha arrebatado a mi madre. Falleció hace poco más de dos semanas de una enfermedad fulminante.

Cuando pensamos en enfermedades de este tipo a todos nos vienen a la cabeza infartos y cosas similares, sobre todo porque mi madre estaba diez años por debajo de la esperanza de vida que le tocaba, o sea que tenía setenta y pocos.

Tampoco parecía que tuviera ninguna enfermedad notoria, sólo achaques propios de la edad, como se suele decir. Se quejaba de ardores de estómago, pero vaya, eso me pasa también a mí que soy casi treinta años más joven.

Nada, por tanto, parecía hacer presagiar la tragedia. Un buen día empezó con dolores fuertes de estómago, hasta el punto que pensábamos que se había intoxicado por algo en mal estado. Pero qué va, una pancreatitis aguda necrotizante arrampló de golpe con todo su sistema digestivo y en un par de días su estado era crítico, le indujeron el coma y ya nunca más se despertó...

Por más vueltas que le doy al tema, aparte del tremendo disgusto que me he llevado, que en mi estado me ha hecho temer por el bebé, no encuentro ninguna explicación para lo que le ha pasado.

No obstante, en la familia de mi madre ya hay antecedentes de muertes tempranas por problemas digestivos, aunque no tan fulminantes desde luego.

Lo de mi madre, por más vueltas que le doy, no consigo hacerme a la idea de que se pueda alguien morir por algo que no está en el top ten de enfermedades graves divulgadas habitualmente.

Hasta ahora la muerte no había golpeado de lleno en mi familia directa, lo más traumático había sido la muerte de mi tío hace unos veinte años por un cáncer digestivo también de rápida evolución. Lo pasé muy mal entonces, mi tío tenía sesenta y pocos años y me llevaba muy bien con él, era una persona muy agradable y sin dobleces. Me quedé un poco húerfana de referentes familiares la verdad.

Pero lo de mi madre ha sido una auténtica tragedia familiar, como el que pierde a un ser querido en un accidente o atentado. Algo que es difícil de encajar por más que se mire.

También quiero criticar con este post la actitud de la medicina preventiva de farándula. Me refiero a estos programas de televisión y campañas para la población criticando ciertos hábitos y fomentando la vida "sana". Demonizan el colesterol, la sal, el tabaco, las grasas...

Pues bien, mi madre no bebía, hacía quince años que no fumaba y comía poquito, se preocupaba muchísimo por el peso ideal y jamás la vi pegarse un atracón de nada.

Le fallaba el tema del deporte eso sí, por estar todo el día en casa cuidando a mi padre. Pero salvo eso, podría haber pasado por una persona muy sana. Y vaya, cuando la guadaña busca a alguien, se le lleva sin más.

Por eso quiero advertiros que cuidarse está bien, pero que cuando llega nuestra hora, ni cien yogures de soja ni hacer maratones nos va a librar de la muerte. Y, además, hay que ser optimistas, positivos y alegres. Creo que a mi madre la mató la infelicidad por la vida de sacrificio que llevaba. Así que más que mirarse el colesterol hay que preguntarse, cuál es nuestro nivel de felicidad en la vida, nuestros objetivos y nuestras expectativas.

Yo ahora mismo estoy volcada en mi bebé, en cuidarme y hacer todo lo que los médicos me aconsejan para que nazca fuerte y sano.

01 marzo, 2016

Amenaza de aborto

Estoy de baja desde hace una semana porque empecé a sangrar (no mucho, pero vaya), y el ginecólogo consideró que mejor me quedaba en casa reposando hasta que se resuelva el hematoma que hay en el útero.

¿Por qué ha ocurrido esto? Como comenté en el post anterior, había un segundo saco vacío. Se rompió (a menudo ocurre) y empezó a manchurrear.

El peque está bien, a pesar del susto pude ver en la ecografía el martes pasado que no le había afectado, pero había que evitar que las contracciones y los sangrados le pudiesen alcanzar.

Parece ser que los sangrados en el primer trimestre de embarazo son muy frecuentes y la única solución es reposar y esperar que evolucionen bien. No hay medicinas prodigiosas ni técnicas milagrosas.

Así que he estado una semana que apenas he encendido el ordenador, porque el estar sentada me incomodaba. Desde hace un par de días me siento mejor y poco a poco me voy levantando y haciendo cosas ligeras como cocinar o leer el correo.

Hace casi dos años estuve también de baja por el embarazo ectópico. Ahí no había ninguna esperanza de que las cosas fueran bien y mucho miedo de que mi vida corriese peligro. Aquí sin embargo el pronóstico es bueno pero tengo que ser buena chica y reposar mucho.

Lo malo de reposar es que te acabas cansando de estar tumbada, más si cabe yo que soy un terremoto y ya se me hacía penoso no ir al gimnasio.

Llevo desde ayer con una contractura en la espalda, normal, los músculos están fríos y al levantarme de golpe me ha dado un tirón. Es una tontería pero señal de que mi cuerpo está protestando por tanto descanso, pero no hay más remedio, hasta que no acabe esta crisis no hay otra cosa que hacer.

También estoy engordando, tengo que comer normalmente pero no gasto ni una caloría, o muy pocas, porque leer o ver la tele no creo que sea ni de lejos lo mismo que caminar cuatro kilómetros, que es lo que hacía antes. Y ya me parecía poco ejercicio el caminar.

En fin, la de cosas que tenemos que hacer las madres por nuestros hijos, incluso antes de verles la carita.

Lo bueno es que ya apenas sangro y no tengo casi dolores. Espero en breve poder volver a mi vida normal, o por lo menos a la vida normal de embarazada que llevaba antes, porque al estar en casa hay muchas gestiones y cosas que no puedo hacer, y que se me están acumulando. Las facturas hay que pagarlas aunque esté tirada en un sofá.

En fin, por lo menos me he desahogado unos minutos. Perdonad que no me alargue más en este post pero tengo que volver a mi reposo.

16 febrero, 2016

¿Mellizo fantasma?

Esto de quedarme embarazada sigue siendo una sorpresa constante, no hay semana que no me encuentre con algo que me ilusione, me angustie o las dos cosas a un mismo tiempo.

Antiguamente, como me contaba el otro día mi madre, no te hacían ecografías o muy pocas, vamos, cuando tenías una barriga prominente que no cuadraba ni con un atracón múltiple de empedrado de legumbres con coliflor, y la regla hacía meses que ni se asomaba por la puerta.

Pero ahora con la alta tecnología, si eres paranoica como yo hay muchas ocasiones para observar a tu futuro bebé con lupa de mil aumentos, lo cual hace que puedas hacer un buen seguimiento de tu embarazo, pero también para que estés todo el día comiéndote el tarro con las miles de historias para no dormir de chicas a las que les pasó lo mismo (realmente lo mismo no, pero algo parecido o lo que te parece que te pasa a ti) y acabaron en tragedia griega.

Desde ayer mismo, sin ir más lejos, he empezado a comerme bien el tarro. Hasta ahora sólo se veía un embrión con su saco, su latido y todo lo que tiene que tener un embrión sanito y disciplinado. Esto era la semana pasada.

Pero ayer, oh sorpresa, apareció un segundo saco gestacional más pequeño que el anterior, pero vacío… O eso se cree que es, porque esta tarde la doctora de la seg social (he ido a una primera consulta) piensa que el saco ese es un hematoma o que ese saco vacío en lugar de reabsorberse se puede romper...

Y aquí comienza mi paranoia: ¿Será que es un mellizo perezoso que va a un ritmo de crecimiento mucho más lento y acabará alcanzando un desarrollo normal allá para el mes de julio? ¿Es un mellizo fantasma, un quiero y no pudo ser? Y si es lo segundo (que parece lo más probable), ¿qué pasará con ese saco? ¿Menguará? ¿Crecerá a la deriva sin habitante y fastidiará al otro sano? ¿Intentará mi útero abortarlo con el riesgo de expulsar también al otro bueno? ¿Acabará en una historia truculenta de cáncer tipo coriocarcinoma? (Hay historias truculentas de ese tipo de sacos sin embrión que acabaron en cáncer, aunque alguna creo que fueron fruto de algún troll malintencionado de los foros).

Total, que aunque me dijeron que tengo un embrión sano sanote de casi un centímetro con pinta de motorista (por la posición en la que está) y latiendo bumbumbum como si no hubiera un mañana, no dejo de preocuparme por él, porque el otro saco a la deriva no le haga daño.

Esto de ser madre es un no parar. Ahora es esto, mañana será otra cosa (que si la traslucencia nucal, que si el cribado del tercer mes, que si acaso la amniocentesis y el riesgo de aborto que conlleva, que si la eco de las veinte semanas, que si la eco de los órganos internos, que si el parto irá bien, que si el niño nacerá todo sanito…).

Y ya puestos, si todo esto va bien y me encuentro a primeros de octubre con un bebé sonrosadito en los brazos (o incluso dos bebés sonrosaditos), si luego podré darle bien de mamar, si cogerá bien peso, si no se me resfriará con la de bronquitis de bebés que hay estos inviernos, que si irá comiendo bien y de todo, que si los dientes, que si gatea y lo coge todo que no se lo lleve a la boca, que si anda bien o aprende a hablar correctamente, que si el cole y las notas, que si los amigotes, que si pega bien el estirón, que no se líe con amoríos y me deje los estudios colgados, que si la selectividad, que si se va de Erasmus, que no se ponga malo yendo de botellón, que a ver si encuentra trabajo, que a ver era pareja rara que se me ha echado…


Esto de ser madre es una angustia diaria sin fin, como me dicen algunos amigos míos con hijos, ya no vuelves tú a ser una persona autosuficiente y a tu bolita que elige cada día lo que quiere hacer con su vida y con su tiempo (por lo menos con el tiempo de después del trabajo) y que si un día se lía de cañas con mandar un mensaje al marido avisando para que cene solo, está todo resuelto. 

Ahora pasas a ser protectora de un ser indefenso de por vida, aunque ese “ser indefenso” mida dos metros y tenga treinta años. Así que ya no te puedes andar liando de cañas por ahí hasta las mil, y si lo planificas y dejas a tu retoño con la pareja o familiar de confianza, no te emborrachas a gusto, te sientes mala madre por no estar ahí con tu hijo cantando eso de “Dora Dora Dora la exploradora”. 

Bueno, intentaré ser buena madre pero sin obsesionarme, creo que con algún momento de válvula de escape para no acabar siendo como el increíble Hulk pero con bata de lycra  y zapatillas de pelufón rosa. Ahora empiezo a entender a mi madre... Ainss

04 febrero, 2016

Comienza la Montaña Rusa

No quería escribir este post hasta confirmar con una primera  eco que todo iba bien. Así que podemos decir que estoy embarazada y además ya se ve el saquito del embrión, o sea que no hay un ectópico como hace dos años...

Estoy que no me lo creo, tantos intentos, tantos años, ya iban ocho años desde el día que decidí que aquella pastilla que tomaba era mi última píldora con intenciones anticonceptivas.

Pero mirando atrás me ha costado mucho, muchísimo, muchichísimo, y todavía quedan 34 semanas de montaña rusa emocional.

Para empezar, he tenido que dejar el gimnasio y creo que por una buena larga temporada, no sólo las dos semanas de betaespera. Por mucho que te digan que hagas vida normal, es mentira. Sólo puede considerar vida normal si eres una monja de clausura.

Vemos en las películas a chicas embarazadas machacándose en la elíptica. Pero, aunque te dicen que puedes hacer algo de deporte, imagino que eso es para chicas deportistas sanas como peras que jamás conocieron una cánula de transferencia ni tuvieron que montar un quimicefa cada noche en su casa.

Las que nos embarazamos con tantas dificultades, nos sentimos como jarrones chinos, pero no del todo a cien, sino de los auténticos de porcelana de la dinastía Ming.

Hasta hace una semana casi me sentía estúpida no yendo al gimnasio y tentada estaba de ir, por lo menos para hacer algo de yayobici.  Tenía un valor alto de beta y me sentía estupenda. Así que, ya que no iba al gimansio, por lo menos seguiría con mi frenético ritmo de vida. He pasado la betaespera paseando, yendo a trabajar y atendiendo puntualmente todos mis compromisos. Eso sí, sin cargar con carros de la compra o hacer burradas.

Pero pensaba que la cosa, una vez bien agarrada, ya podría retornar a algo menos paranoico.

Pero no: El jueves pasado, tras una larga tarde en una reunión profesional donde Cristo perdió la chancleta, o sea que tuve que coger un metro, un tranvía y un autobús para llegar, al ir al baño cuando dudaba entre quedarme al cóctel o irme a casa, entré en pánico al ver unas gotas de sangre en el salvaslip.

Retrospectivamente era de esperar porque tengo que usar dos supositorios vaginales de progesterona, me pincho una burrada de heparina y además, la manera de ponerme dichos supositorios no es muy ortodoxa, en un baño público cuando toca la hora y los tenía que introducir con el dedo. No me es de extrañar que se me hiciera una llaguita en el cervix, que fue lo sangró.  Hace años he tenido lesiones en el cervix y la pinta era la misma. Pero claro, me bloqueé, me quedé pálida y me fui a casa con prisa pero sin correr. Llamé a urgencias de mi clínica, pedí consejo en mi grupo de whastapp de ovonenas y al final la cosa quedó en un susto.

Pero vi las orejas al lobo. De vida normal nada de nada. Al día siguiente fui a trabajar con temor, mirando cada media hora con lupa los exudados vaginales por ver si tornaban peligrosamente al rojo o se quedaban en un discreto marrón de sangre antigua. Y la tarde me la tiré tumbada en el sillón con una congoja que no os podéis imaginar, pensando en que había hecho algo malo y me había cargado el embarazo, porque encima me entraron unos retortijones que pare qué os cuento. En fin, me sentía fatal, después de la euforia del miércoles.

El caso es que sigo haciendo una vida más o menos normal, pero tengo que repetirme cada cinco minutos: Cuidado que estás embarazada. Y es que mi tendencia natural es correr a coger un autobús, saltar las escaleras del metro de dos en dos, levantar muebles en plan Sansón, bailar como una posesa en cuanto oigo música disco y en fin, hacer todo tipo de cosas que se supone son esfuerzos no permitidos en mi delicado estado. Del tema sexo mejor no hablamos...

Me siento discapacitada sin estarlo, una sensación muy agobiante, en serio. Me sobra energía y no puedo canalizarla.

Estoy muy feliz pero al mismo tiempo acojonada por la responsabilidad que tengo encima. Y eso que el bebé no ha nacido, madre mía no quiero ni pensar una vez que haya nacido!!!

Estaba mentalizada de que no podría beber alcohol hasta las próximas Navidades. Estaba mentalizada de no tomar ibuprofeno o medicinas peligrosas, estaba mentalizada de no hacer burradas, ni apuntarme a deportes de riesgo, estaba mentalizada para los miles de pinchazos que iba a tener que administrarme, pero no estaba mentalizada para la avalancha de prohibiciones que me han hecho los médicos y cosas absurdas que me han dicho.

El café, por ejemplo. Nada de tomar cafés alegremente. Uno o dos como mucho. Y mejor si el segundo es un té o una manzanilla para los gases. ¿Os podéis creer que estoy con mono de café?

La comida, me han prohibido de todo, una cosas como los embutidos por el tema de la toxoplasmosis, y otras, como los precocinados, por el sobrepeso, porque no debo engordar ni un gramo en los próximos dos meses por lo menos.

Pero hay cosas más absurdas aún. Teñirme el pelo, ya no podré usar el color rubio tan subido que llevo, y las raíces que tengo ahora mismo me hacen parecer una choni total.

Lo de barrer y fregar, sin palabras.Yo pensaba que eran consejos de abuela, como el de no lavarse el pelo estando con la regla o preparar mayonesa (lo que me he podido reír de estas cosas no tiene precio). Pero resulta que he hablado con médicos y me lo desaconsejan. Lo flipo, flipo, flipo.

Por descontado que no podré coger aviones alegremente, ni pasar por escáneres ni cosas raras de esas de seguridad y además tendré que tener cuidado por las zonas de rayos, que con lo despistada que soy yo nunca estoy segura de no haber pasado.

En fin, todo sea por mi futuro retoño, pero os lo juro que esto es de lo más duro y a la vez hermoso que me ha ocurrido en muchísimos años. Y cada día es una montaña rusa, cuando recibo buenas noticias estoy arriba, y cuando me asaltan temores o algo no va como debiera (o lo creo así) me asaltan los temores de nuevo.





19 enero, 2016

Blue Monday, Happy Tuesday?

Os podéis pensar que estoy abandonándoos un poco. Bueno, en parte es cierto, desde que no me tiro horas estudiando la oposición como hace años, utilizo poco el ordenador fuera del estricto ámbito profesional. Y la verdad que también la culpa la tiene el maldito Whatsapp, al que le dedico ese ratito que antes os dedicaba a vosotros. Así que "mea culpa".

18 de enero, tercer lunes del año y, según unos espabilados que quieren hacer negocio con este tema, es el día más deprimente del año.

Los factores que aluden para ello son varios: Uno, obvio, que es lunes, ya de por sí deprimente para los que comenzamos ese día la semana laboral. Otro, que se acabaron las Navidades. Y pienso yo, ni que las Navidades fueran una orgía en Ámsterdam. Para la mayoría de adultos que trabajamos en ese período, las Navidades suponen más bien un estrés. Pero eso es parte de otra disertación que tengo preparada para otro día sobre el tema Navidades y vacaciones de verano.

El caso es que se supone que nos deprime el que ya las Navidades se hayan acabado y encima nos carguen las deudas de la Visa. Vamos, lo que en España se ha llamado desde siempre la Cuesta de Enero. Pero aquí es cuesta todos los meses. De hecho, yo he notado más la cuesta de diciembre con las cosas que me han pasado en noviembre que este mes de enero que tengo mis finanzas con menos sobresaltos. Además, esto no es USA y aquí hay tantos parados que para ellos es deprimente cualquier día de la semana y del mes.

Otros factores secundarios son el frío, la lejanía de la Semana Santa (este año cae a finales de marzo), y supongo que los gripazos que atacan en este mes también cuentan claro.

Haciendo memoria, el año pasado lo clavaron conmigo, ya que el 19 de enero fue mi día más horrible. Bueno, más bien su madrugada, porque estaba con un gripazo tan horrible que la garganta no me dejaba ni respirar y mucho menos echarme a dormir en posición horizontal. Me tragué hasta el programa de Iker Jiménez hasta la cuatro de la mañana por no irme a sufrir a la cama. El problema es que al día siguiente no me perdonaban el ir al curso de funcionaria, ya que ahí más o menos tenía que haberme estado muriendo para que me dejaran faltar.

Sin embargo sí que recuerdo que aquel día acabó felizmente porque fue mi primera asistencia a una sesión de Toastmasters, una organización educativa para la mejora de la comunicación oral. Recuerdo que aquel día me lo pasé bien a pesar de todo. Por eso he usado este concepto de Blue Monday para la sesión de hoy, ya que recuerdo bien que hace un año que empecé mi andadura con este tema tan divertido.

Como hemos comentado en la sesión, no hay un Blue Monday ni un Blue nada, lo que hay es actitudes positivas y negativas. Y claro, también nos ocurren cosas buenas y malas. De tontos sería no admitir que uno está triste porque le ha ocurrido algún contratiempo.

Me preocupa que el mundo occidental se globalice por las chorradas más que por las cosas valiosas y los valores que de verdad cuentan. Hace cuarenta años no se celebraba Halloween en España. De hecho, topé con esa palabra cuando ya tenía catorce años y en una lectura de la clase de Inglés.

Hasta entonces el referente de la novela gótica española era las Leyendas de Becquer y en particular mi favorita para ese día de Todos los Santos  era El Monte de las Ánimas, que daría para una buena película. Esa y el resto de leyendas de miedo del libro. Nada que ver con las memeces de Crepúsculo.

Tampoco sabíamos hasta hace poco lo que era el Black Friday. Y, de hecho, hasta que no estudié inglés a tope no sabía ni cuándo caía el día de Acción de Gracias. Porque imagino que los del Mayflower tendrían mucho que agradecer ese jueves de noviembre, pero los españoles en noviembre no tenemos mucho que agradecer. En Madrid si acaso el día de la Almudena, pero poco más.

Ahora nos han metido otro día famoso más. Y suma y sigue. Con esto poco podemos combatir contra culturas mucho más exóticas y radicales.

A un loco de los que andan cortando cabezas en el lado oscuro no se le puede seducir para que vuelva de ahí con la promesa de un descuento del 20% en sus compras por internet un 27 de noviembre... Como dice la protagonista de una serie española, hemos perdido el oremus...

No digo ni mucho menos que volvamos a la España profunda. A mí me gustan los Black Fridays, Halloween, etc. Cualquier día es bueno para festejar y tomarse unas cañas, aunque sea el 4 de julio. Lo malo es que nuestros niños dentro de nada no van a saber qué se celebra un 6 de diciembre ni qué pasó un 20 de noviembre de hace ya cuarenta años pero sí conozcan qué significan los caucus de Iowa.

En fin, para que lo vayamos pensando un poco ...

Venga, os cuento algo de resumen de cómo va mi vida, que sé que lo estáis deseando, así en resumen:

He estado tratándome de un problema del útero en Valencia desde el mes de julio. Finalmente este mes me dieron luz verdad para intentar una nueva invitro y desde la semana pasada aquí estoy, esperando que estos pollitos que llevo dentro quieran quedarse ocho meses y pico más dentro de mi útero.

No os voy a contar mis síntomas en betaespera porque no sirven de nada, este es mi sexto intento de invitro, ya soy veterana. Tampoco voy a andar meando en palitos, al menos hasta la semana que viene que vaya a mi gine de aquí por medicación. La prueba segura será en diez días.

A ver, estoy positiva, creo que mis médicos de Valencia han hecho todo lo que han podido. Y tengo pistas de que las cosas se han hecho mucho mejor que cuando lo he intentado aquí en Madrid, pero tengo que admitir que 46 años son muchísimos ya y que no estoy óptima para que la cosa prospere. Nos hemos dejado una pasta ingente y por eso digo que Noviembre fue mi mes pesadilla, porque se me fue el anterior inquilino y encima tuvimos que abonar una pasta gansa por este tratamiento.

Así que las Navidades no hemos gastado apenas nada y estoy haciendo hasta integrales dobles para cuadrar el presupuesto para poder salir a flote mensualmente.

De hecho, me ofrecí voluntaria para currar en las Elecciones Generales como interventora de la administración (soy funcionaria),  y la experiencia me gustó mucho.

Tuve que currar varios días incluyendo un cursito en mitad del puente de diciembre. El día 20 de diciembre la currada fue tremenda, más de 16 horas con un sólo descanso pero fue todo muy enriquecedor, daría también para escribir otro post la anécdotas de aquel día.

Bueno, a ver si el siguiente post os puedo dar una buena noticia. Si no, seguiré en la lucha, aunque la vida no se para por no poder quedarme embarazada. En abril podemos avanzar en el proceso de adopción internacional, pero entonces habrá que tomar por un camino o por el otro, ambos son incompatibles, como nos dijeron  en las charlas de preadopción.