Bridget Junior ya tiene 9 mesecitos !!!

Ale, voy a empalagaros otro poquito hablando de mi bebita. Hace años renegaba de esas madres que contaban con todo lujo de detalles la consistencia de cacas, moquitos o recetas de purés y papillas... Ay qué ingenua era...

Eso por no hablar lo que me molestaba la gente que se llevaba a todos lados a sus retoños que lloraban a moco tendido y arruinaban mis veladas románticas o me sacaban de quicio cuando iba a hacer cualquier gestión y era arrollada por una tribu de ñus (niños en tromba dejados campar alegremente).

Bueno, sigo en contra de los padres que sueltan a sus hijos para que molesten sin piedad. Creo que los padres tienen la responsabilidad de criar, educar y sobre todo aguantar a sus hijos y no es cuestión de hacerse los sordos en una esquina de un bar bebiendo cañas y de palique con los amigos mientras dejan a sus hijos correteando por las mesas de otros parroquianos.

¿Mi hija llora cuando la saco por ahí? Pues a veces sí, sobre todo cuando pasamos más de media esperando en la consulta del pediatra, que si ya desespera a un adulto esperar tanto tiempo, no digamos a un bebé que solo quiere estar en casa, en el parque o donde sea menos en una sala atestada de gente y atado a una sillita.

Mi hija no gatea bien y en vez de ser una anécdota está siendo lo mismo que si hubiera suspendido las matemáticas de segundo de bachillerato porque en la guardería (perdón, ahora se llama Nursery School), nos han dado las notas de este trimestre y está todo estupendo menos esto, que la niña es mitad vaga y un poco mitad torpe.

Yo no recuerdo si llegué a gatear, mi hermano estoy segura de que no llegó a andar hasta los dos años y aún ahora que ya pasa de los cuarenta hay que pincharle para que se mueva, pero ha pasado todos estos años sin levantar ningún tipo de alarma pedagógica hasta que repitió tercero de bachillerato. Pero ahora resulta que en cuanto un bebé se sale un 15% de la media de bebés de su misma edad ya te llaman a tutoría (¿es sólo a mí la que le parece absurdo debatir sobre el rendimiento intelectual de un bebé de pocos meses?), y te incriminan como si estuvieras en la Inquisición, como si por no poner a tu bebé en la pista americana tres horas al día ya significase que no eres buen padre...

En fin, que resulta que además de levantarme a las seis de la mañana y su papi a las siete y ocuparnos de darla de comer, vestirla, bañarla, llevarla a la guarde, traerla, cambiarla, jugar con ella, etc, etc, etc ahora además no debemos dejar que se eche una siestecita sino que tenemos que pasar tres horas al día con ella tirados por los suelos... Nada, ni hacer la cena, ni poner coladas ni atender al correo electrónico ni nada, somos malos padres por poner a nuestra bebita media hora al día en la hamaquita viendo la tele mientras meamos, nos cambiamos de ropa o preparo una tortilla vuelta y vuelta...

Creo sinceramente que nos estamos volviendo gilipollas. Los maestros de ahora no sé si es por justificar sus tareas o qué pero esto de que los padres después de diez horas de trabajo y cuatro de tareas domésticas tengamos que sacar seis horas al día en preparar disfraces, manualidades, hablarles en inglés, alemán o francés, llevarles a museos, al parque, a la biblioteca, hacer deporte con nuestros hijos...Yo no sé pero creo que un bebé de la edad de mi hija debería dormir doce horas al día, si la recojo a las cinco y pico y entre llegar a casa y cambiarla me dan las seis y la pobre a las siete y media está levantada algo se me está escapando pero no me salen las cuentas de las tres horas de prácticas de gateo que me recomienda su tutora... Aparte que a la nena tenga que darle la cena y bañarla.

Recuerdo que mi madre que en paz descanse nos crió a los cuatro hermanos en modo totalmente desatendido. Mi generación es la de esos niños que salíamos a las cinco del cole y sólo veíamos a la madre para merendar y cenar un ratito. El resto del tiempo estábamos jugando a nuestra bola y viendo la tele.

Mi madre no sabía ni qué deberes tenía, realmente no sabía creo yo ni en qué curso estaba en cuanto pasé de los trece años. Llegó un día con veinte años que mi padre no sabía ni qué carrrera había estudiado yo.

Sé que es exagerado pero mi generación, la de la EGB era la generación de niños vagabundos, estábamos todo el día por ahí y los que pasábamos más tardes en casa no era haciendo cosas con los padres.

Mi padre llegaba a las mil a casa, hacía horas extra y luego la ronda de cervecitas, llegaba ya a la hora de la cena de los adultos y mi madre estaba toda la tarde desaparecida entre la cocina, la plancha, y sobre todo escuchando a Elena Francis en la radio.

Sólo asomaba por la sala de estar cuando alguno se descalabraba o rompíamos algo pero vamos, te podías tirar cuatro horas viendo cualquier cosa en la tele como "La Noche de los Muertos Vivientes" que mi madre ni se enteraba ni se inmutaba.

Mi madre jamás usó una báscula de cocina para preparar purés equilibrados ni sabía eso de los tipos de leches, la única que usaba era esa que había que hervir varias veces y comprar a diario, y daba igual que tuvieras ocho meses o veinte años que te endosaba lo mismo en cuanto dejabas el pecho.

No recuerdo yo ningún tipo de calendario de introducción de alimentos ni calendario pedagógico ni fiestas con disfraces ni cosas raras. No había Halloween, el día 1 de noviembre se iba al cementerio a poner crisantemos a los abuelos fallecidos. No había ni San Patricios ni Papá noeles ni carnavales ni nada por el estilo. En Semana Santa cerraban hasta las panaderías y la tele era en blanco y negro. O agudizabas la imaginación o te podías aburrir hasta la náusea.

Y ahora sin embargo habiendo de todo, los padres estamos más esclavizados que nunca. ¿No hay ningún psicólogo o pedagogo que revindique que los padres también necesitamos descansar de vez en cuando? No digo ya ocho horas, que es un lujo, pero pongamos que poder cenar algo caliente de vez en cuando e irnos a la cama antes de las dos de la mañana, que cosemos más que una costurera de los talleres de Zara en Bangladesh !!!

Revindico poder jugar con mi hija sin que me sienta culpable por no estar practicando técnicas o ejercicios pedagógicos sino tan solo echarnos unas risas, unas pedorretas o cantarle mis canciones infantiles de toda la vida haciendo las palmitas. Igual con eso no sale mi hija premio Nobel, pero quizás sí una niña más feliz.

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