Otra vez como el año que fue, otra vez el champán, las uvas y el alquitrán


Un año más, si, como la canción de Mecano ( soy tan vieja que recuerdo la letra de esa canción).
Recuerdo mi primera Cassette de Mecano, con la portada de un enorme reloj antiguo, tipo “La Máquina del Tiempo”. Ese año recuerdo que mi obsesión era copiar el look de la profesora de la serie Fama y bailar como Leroy.
Y es que en las Nuevas Navidades Globalizadas que se están extendiendo por el mundo, sólo quedan ya dos símbolos desde Las Torres Petronas hasta el Empire State Building pasando, claro está, por Canfrán: La celebración del Año Nuevo y Sta. Claus.
En las Navidades del siglo XIX, siglo al que nos vamos acercando cada vez más con las políticas capitalistas llevadas cada vez al límite por una conspiración de los Iluminatti entre los que se encuentra la pantomima de libertad en internet protagonizada por el héroe Assange, se encontraban los Cuentos de Dickens. Como soy más vieja que el pecado, he tenido la inmensa suerte de leerme la mayoría y de contemplar también horrorizada la versión espantosa televisiva del famoso Mr. Scrooge encarnada por el cínico Belushi.
Sin embargo, el domingo por la noche, viendo una serie que me encanta, vi como mi antihéroe Colmenero desmitificada despiadadamente el mito del capitalista malo que se vuelve bueno en Navidad.
Los capitalistas de ahora ya no temen a nada, ni a la muerte, porque saben que Dios no existe, y no sólo porque Hawking lo haya demostrado matemáticamente, sino porque si existiera, lo volvían a crucificar de nuevo para que no diera la lata y les dejara seguir exprimiendo y esparciendo el mal por el mundo.
La mafia mundial llámese Iluminati o G8 o lo que se quiera llamar, creen que el mundo debe girar entorno a ellos, igualitos que Luis XIV. Ah, pero con la hipocresía putocrática al más puro estilo Orwelliano. Porque hay libertad de expresión, y el que diga lo contrario, será militarizado o condenado a escribir Mil veces en Facebook:
“Soy un antisistema que no merezco el perdón del Gran Hermano”.
Cada vez las Navidades son más tristes porque nos damos cuenta de que han eliminado todo sentimiento en su celebración. Lo han reducido a unos días para que consumamos los pocos ahorros que nos puedan quedar a pesar de lo caro que está todo y peor que se va a poner.
Lo malo es que hay gente que se llegó a creer que alguna vez podría sentarse en una mansión y comer caviar con Paris Hilton si era realmente espabilado y echaba, cual tragaperra con lucecitas, unos pocos euros a la bolsa… Esta es el anzuelo del modelo Capitalista, creer que es democrático y en el “Sueño Americano”. Mentira prodrida..

Cambiando de tema, contaré cómo estoy viviendo estas Navidades, que prácticamente como Santa Teresa, vivo que no vivo en mí, todo el día currando y en las nubes en lo que respecta a celebraciones y compras.
El otro día me llamó por la noche una amiga, llamémosla D, para preguntarme si había reservado para la cena de la pandilla por Navidad (al parecer la idea era mía y todo, vaya) y qué iba a hacer en Nochevieja además ¿?.
La chica en cuestión me llamaba desde el pueblo, porque al ser maestra ese mismo día le habían dado las vacaciones y había huido literalmente del agobio de Madrid (y no se lo reprocho desde luego).
Eran las doce y su llamada me despertó del sofá donde había caído literalmente agotada después de cenar. Y es que el cansancio cada vez me puede más…
Me dejó un tanto apabullada esta chica con sus comentarios, aparte de por su razonamiento de que prefería venir a una cena de diez o más que a una cena de seis u ocho personas (debe ser que valora la amistad al peso, como yo valoro mis michelines, más o menos), pues resulta de que la chica tiene tiempo y neuronas para dedicarles a hacer planes navideños.
A mí que me pilló agotada del día que había tenido, y entre deprimida y triste por las cosas que últimamente me están pasado (no voy a aprovechar este post para relatar el parte médico o emocional), me quedé un tanto pensativa, porque… ¿Qué vida llevo yo que llego al veintantos de diciembre sin acordarme de que es Navidad? Me pilló fuera de juego esta chica.
Me di cuenta de lo abismal de la vida cuando te haces adulto de verdad (me refiero a adulto no de edad sino de obligaciones, ya que conozco gente que tienen edad hasta para ser abuelos y les siguen resolviendo los problemas los papis o los hermanos).
El caso de esta chica, aparte de los diez años que le llevo, es que estamos en mundos diferentes. Yo todo el día trabajando y pensando en mis miles de obligaciones y ella con su trabajo también, pero la mitad de absorbente y con muchos menos problemas logísticos en su vida, y por supuesto, sin estar en edad en la que procrear es cuestión de ahora o nunca.
Recuerdo yo que hace más de diez años, mi principal preocupación en Navidades es si el chico con el que estaba saliendo era o no presentable a mi familia. O todo lo más, si iba a salir en Nochevieja con mis amigas del barrio, con mis compis de trabajo o con los de inglés.
Aún trabajando como una mula, tenía tiempo y sobre todo muchas ganas de planificar la Navidad. Ahora ya no es que no tenga tiempo (que desde luego tengo muchísimo menos), es que llega un día libre y estoy agotada, más emocional que físicamente.
Debe ser que me estoy haciendo vieja, cuando la felicidad en estos días es poder acurrucarme por la noche calentita al lado de mi S y dormir ocho horas de un tirón sin que al día siguiente tenga que ir a trabajar o piense que me llamará mi jefe al móvil. Y si ya encima no me duele el brazo, los ovarios, el útero, la cabeza o el bultito del pecho, soy totalmente feliz.…
Ay la vejez que ya llama a mi puerta!!!.
Estoy muy deprimida porque me he dado cuenta de que es muy probable por no decir seguro que no me va a tocar jamás la primitiva, ni la lotería ni siquiera me invitarán jamás a un Reality del que pueda vivir luego como tertuliana. Tampoco voy a ganar el nóbel ni me voy a ligar el Príncipe Guillermo de Inglaterra (no es que me guste pero me arreglaría la vida).
Como decirlo… Ya soy muy mayor para pensar que tengo toda la vida por delante para que cambie, y sin embargo, soy todavía joven como para tener que seguirla soportante al menos treinta años más así de cabrona y sin perspectivas.
Sí, porque nos espera la crisis que va a ser más larga que un invierno en Minessota y no va acabar de una vez por todas.
Ya veo a mi pobre chico, a S , teniendo que vivir con el alma en vilo por conseguir un trabajo mileurista. Y yo voy a seguir toda mi vida soportando jornadas maratonianas de trabajo con alta carga de tensión y prisas, para luego pasar una evaluación en enero con un 3% de subida de sueldo a lo máximo como premio para poder paliar algo la subida del 15% real del coste de la vida.
Veo todo negro, que mi sueldo no me va a permitir jamás vivir dignamente sino trampear agujeros, y que adiós a mi sueño de comprar una casa algo más grande (no pido mucho, sólo que no sea un zulo), una casa donde mis futuros hijos tengan sitio para dormir.
Pero qué digo de hijos, si ni siquiera voy a poder pagar mis tratamientos médicos de fertilidad ni poder compaginarlos con el trabajo, y no digamos la crianza luego de los niños y los gastos que acarrean…
¿Qué vida me espera sin dinero, sin hijos y al lado de una bomba de estrés ambulante estando yo igualmente tocada de los nervios?
Y lo que es peor: Ya no vale escaparse pensando que llegará la jubilación y al menos cinco años para irse a la playa en Benidorm a remojar los huesos y mover el esqueleto antes de que se pudra. No, ya no: Ahora con la reforma de las pensiones me temo que seremos como en la odiosa novela de Aldous Huxley esa donde zombies gritaban: Soma, soma (leáse ahora telebasura).:
Estaremos acorchados a base de bótox hasta los 65 años y cuando las drogas no nos puedan seguir manteniendo ya más tiempo jóvenes: Pum Pum y alé a morir y dejar sitio a más homínidos rentables para el sistema capitalista.
Pero yo soy como el salvaje John y sueño con escapar a mi isla al sol, donde envejecer lejos del bótox, del mundanal ruido y de la prisa.
Lo que me molestó de D, volviendo a la conversación con mi amiga, fue que no fuera capaz de darse cuenta de que yo estoy atrapada en otro mundo, donde lo único que quiero por Navidad es descansar un par de míseros días y ver a mis amigos relajadamente, por una vez, y no entre mi clase de alemán y las dos lavadoras después de un madrugón el sábado para que me cundan más las tareas. Yo quiero salir con mis amigos a tomarme un par de cervecitas, sin enfundarme en un traje de raso ni pintarme como una puerta.
Así que el viernes por la tarde antes de la cena de Navidad me compré una diadema de reno y una pandereta y me fui con tres amigos a hacer el ganso por ahí y a tomarme unas cervezas tal y como había planeado, y el sábado más de lo mismo, cena informal y sin reservar, y matar el frío dando paseos por Huertas, y me lo pasé bien, igual que cuando tenía quince años: Sin planes ni maquillaje sofisticado. ¿Para qué o para quién? Si mi chico estaba a mi lado y el resto eran todos amigos de confianza.
Me propuse disfrutar de la gente como yo, la que queda porque le gustan las personas, la que no planifica los eventos, la que aún engulle los bocatas chorreantes de grasa de calamares de la Plaza Mayor y el vinazo y ni por asomo está todo el rato sacando fotos y colgándolas en el facebook.
Entre mis amigos de la quedada estaba Z, que con dos limoncelos de más confesó que había una chica que le acosaba y soltó sin ningún pudor algún comentario jocoso como que había chicas que lo perseguían por su dinero o que todas las mujeres que conocía eran unas frikies. Ay Dios mío, eso sí que es un chiste y no el mío sobre el langostino que desconfía del cóctel al que lo han invitado!!!
Pero qué más da: La cena entre amigos y las copas están para eso, para decir tonterías y que los amigos no te juzguen, a pesar de las respuestas que le di, ya se le ha olvidado y ayer me llamó para felicitarme el año nuevo por anticipado.
También a mí se me han olvidado el resto de tonterías que se dijeron sobre mí, entre ellas que cómo tenía de chupado y cansado a mi novio, cuando lo que ocurre es que se levanta a las cinco para ir a currar y además fuma un montón por el estrés, pero no, que con lo del niño piensan que yo soy algo así como una “mantis religiosa”…
En fin, me lo pasé bien y ahora estoy depre, pero bueno, me quedan tres días libres de las mil vacaciones sin consumir, y luego está el Roscón de Reyes. Y quien sabe si entre cañita y cañita el óvulo se ha ablandado este mes y por fin el Rey Melchor me trae al bebé que le he pedido, eso sí por correo electrónico …

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