NUEVO 11 DE MARZO NEGRO

Alguna vez dije que si existiera Dios le pedía el libro de reclamaciones. También, en otra ocasión, dije que me sentía como en el capítulo de House que se tira todo un día con una mujer atrapada bajo un edificio y, cuando consigue liberarle la pierna teniendo que amputársela y parece que al final ha logrado salvarla, la pobre muere por algo que no tiene solución… Y es entonces House cuando se da cuenta de que por muy inteligente que sea, hay algo maligno que se encarga de demostrarnos a los humanos que ni toda la buena voluntad, la previsión, la sensatez y el sentido común bastan para librarse de las tragedias.
Yo insisto diciendo que Dios parece favorecer a los tontos e inconscientes y cebarse con los buenos. Los muy fanáticos religiosos a esto lo llaman pruebas de fé. Yo lo llamo ser un sádico y un demonio. Probablemente es que este mundo esté gobernado por el demonio y de vez en cuando nos deja respirar tranquilos para que nos confiemos para luego darnos con más fuerza.
¿Y a santo de qué viene toda esta charla mía? Pues a que me siento muy triste por lo que ha pasado en Japón y por lo que están viviendo. No por la tragedia en sí, que todos los días ocurren en el mundo y el alma se queda ya anestesiada. Sino porque, encima, me siento identificada con la forma de ser de los japoneses de hoy en día. Son previsores, meticulosos, organizados y pacíficos y mira por donde la naturaleza les sacude con lo peor que les podría sacudir. De haber ocurrido un terremoto similar en España no quedaríamos ninguno para contarlo, porque aquí en cuanto caen cuatro copos de nieve se monta una gorda y no digamos cuando falla lo más mínimo algún sistema. Con los políticos incompetentes que tenemos no ocurren más desgracias porque Dios no quiere. Así de sencillo. Pero debe ser que a Japón le tenía ganas porque no contento con lo de Hiroshima y Nagasaki de la Segunda Guerra Mundial ahora les ha mandado un terremoto tan violento que ni con toda su tecnología ni su saber hacer son capaces de dominar las nefastas consecuencias.
La gente débil se resigna ante circunstancias así. Todavía recuerdo a la madre de mi ex, X, beata a más no poder, decir eso de: Ay, hija, pues si te han despedido del trabajo, será que ha sido la voluntad de Dios y habrá que resignarse. Ja, la voluntad de Dios, pero más bien la de un cabronazo mal follado que está un poquito más cerca que el Reino de los Cielos.
En fin, espero que la tecnología consiga dominar un poco a las iras de un Dios iracundo y Japón se sobreponga.
Volviendo a mi vida, deciros que la dieta no sólo está sirviendo para que pueda rescatar ropa de otras temporadas para lucirla este mes, sino que en la revisión pre invitro, parece que están respondiendo mejor mis ovarios. En fin, intentaré embrutecerme un poco este mes leyendo alguna revisticucha de prensa rosa y así pasar desapercibida ante la ira del maligno, para que no me haga una faena al mes que viene. A ver si así consigo tener éxito.

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