Benidorm, chulipandi y ... Sorpresa

Hay gente que odia Benidorm, o que piensa que es sólo para abuelos trasnochados o para ingleses en bacanal de fin de curso o de despedida de soltero. Puedo entenderlo: Aglomeraciones para entrar en el agua, para entrar en las tiendas, en los bares de moda, rascacielos, más tráfico que en la Castellana… Pero no puedo evitarlo, aún a riesgo de tener algo en común con la “Princesa del pueblo” debo confesar que… Amo Benidorm. De hecho, aún con pocos días libres y sin mi querido O de acompañante, he estado unos días con mi “chulipandilla” de colegas que, al igual que yo, nos gusta pasar cuatro o cinco días al año entre la masa humana, el asfalto, las palmeras, la cerveza barata y el agua a 31º. Recuerdo un episodio de la serie “Sexo en Nueva York” donde las cuatro amigas protagonistas se van a veranear a “Los Hamptons” porque es el sitio de moda, y ahí viven peripecias veraniegas que sólo se pueden vivir con el espíritu joven y gamberro. ¿Por qué me gusta entonces veranear en Benidorm? Pues porque ahí todo el mundo va a hacer el payaso y a nadie le importa. ¿Qué quieres lucir un bikini minúsculo y estás como una ballena? Pues no pasa nada. ¿Qué te has inyectado bótox y llevas un escote por la tripa y pareces una furcia? Pues no pasa nada, puedes entrar en la disco de moda y nadie te mira, o no por lo menos como te mirarían en Madrid. ¿Te gusta pasearte por Benidorm en Bikini sin pareo ni nada? Pues no pasa nada, nadie mira, nadie critica. ¿Sales a bailar con las Adidas peregrino como yo con un dedo del pie morado y vendado? Pues no pasa nada, nadie critica, nadie se ríe. O si se ríen, se ríen porque se lo están pasando bien. ¿Te gusta destrozar canciones en el karaoke o montarte en el Búfalo Loco y tienes ya edad para criar a tus propios nietos como es mi caso? Pues no pasa nada, todo el mundo aplaude y nadie critica. Me gusta Benidorm porque es la apología a la celulitis al sol, a los calvos de barriga gorda que entran a chavalitas a las que no se les ocurriría ni mirar si estuvieran en Madrid. Inglesitas de doctorado que se descalzan para bailar con varias copas de más. Y por qué no, donde mis amigos y yo podemos hacer lo que nos dé la gana porque somos libres, por una vez al año. Pero no creáis que he ido a Benidorm a ligar yogurines ingleses. Nada de nada. Aunque suene inaudito, no he tenido ningún mal pensamiento. ¿Por qué? Porque esta vez creo que O, a pesar de sus miles de defectos, igual que los míos, es el hombre que me puede acompañar durante los próximos cincuenta años. Y después de acompañarme a una boda de una prima mía y portarse como un novio normal, me ha demostrado que merece que le sea fiel y cariñosa por muchos años. De hecho, tachán…. Ya hay fecha para la boda, hoy mismo nos la han asignado, será al año que viene. Pero no digo todavía la fecha exacta por si da mala suerte, todavía hay tiempo, así que lo diré cuando se acerque…

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