El Valor del Capital Intelectual

El otro día, justo antes de mi evaluación profesional anual, hablaba con un compañero que trabaja en el mismo cliente que yo, que los recortes que están metiendo tan salvajes están provocando que España se quede con los trabajadores más baratos y sobre todo, más mediocres que existen, mientras que todo el "Know-how" estará en el paro, habrá emigrado o se habrá pegado un tiro.

Hay dos tipos de capitalistas: Los buenos y los malos. Los primeros, cuando encuentran una gallina que pone los huevos de oro, la miman, la estudian para ver cómo mejorar la cantidad de huevos, pero sobre todo, intentan que ese milagro se convierta en un estudio del que puedan sacar una patente, y sobre todo, un conocimiento o habilidad únicos en el mundo.

Los segundos, entre los que se encuentran la mayoría de empresarios choriceros españoles, lo que suelen hacer es algo de lo siguiente:

1.- Ignorar a la gallina, ni siquiera percatarse de que está poniendo los huevos de oro.

2.- Castigar a la gallina por salirse fuera de la norma ISO52345 (me la he inventado). Si persiste en la puesta de huevos tan exóticos fuera del negocio de la empresa, acaban por sacrificarla y venderla como gallina vieja para caldo del cocido.

3.- Si algún empresario se da cuenta de que lo que hace la gallina puede reportar beneficios, aislan a la gallina y a base de charlas y coacciones, la obligan a poner más y más huevos hasta que muere reventada (y después venden sus restos para hacer cocido).

4.- Pensando que lo que hace esa gallina es egoista y que no comparte sus concimientos con el resto de gallinas, la amenazan con matarla para caldo de cocido si no consigue en menos de un mes que el resto de gallinas produzcan también los huevos de oro.

5.- La matan directamente y la diseccionan para ver dónde tiene el lingote de oro. Al no encontrarlo, la venden como base de cocido.

Bueno, y esto, ¿a santo de qué viene? Pues a lo mismo de siempre: El examen anual por parte de mi empresa de cómo me ven. La frustración mía proviene de que, cumpliendo todos los objetivos marcados, algunos muy duros, me van a criticar por la gilipollez más gorda. Y sobre todo, parece que quieren ridiculizarme y pretender que piense que sólo soy una junior con algo más de experiencia que el resto.

Si no fuera porque mi sueldo y mi asignación de cliente dependen de cómo me vean, me pasaría la opinión de mis jefes por el forro de mis ovarios, y ojo que tengo un ovario pocho que debe estar de rasposo que da miedo.

Esto es como salir con un chico durante seis años, hacerse castillos pensando en un chalecito en la Sierra, un monovolumen y tres niños, y que te llegue el indeseable y te diga que sólo eres "una amiga con derecho a roce" y que dentro de un par de años a ver si te presenta a sus padres, pero que te lo tienes que ganar...

No hace falta que digáis nada. Más o menos eso es lo que me pasó con Z, y ya sabéis como acabó la historia.

El problema es que se puede vivir sin novio, y de hecho a veces se vive tan ricamente, pero sin trabajo y, sobre todo, sin dinero, se vive muy malamente, más si cabe en estos momentos de caos, más que de crisis. Porque de las crisis se sale, y generalmente mejor de lo que se entró, pero del caos no se sale nunca y menos indemne.

Así que estoy pensando, no ya en qué tengo que hacer para demostrar a mi empresa nada (está claro que están ciegos del todo), sino tengo que pensar qué tipo de empresa podría llegar a apreciarme, y cómo contactar con ese tipo de empresa. Y, por otra parte, qué tengo que hacer, no para que mi empresa me promocione, sino para que me mantenga en buena armonía al menos el tiempo suficiente para que piense y madure qué hago en la vida. A fin de cuentas, tengo 43 años y ya voy siendo mayorcita si quiero dirigir algo.

Bien es cierto que no he nacido en "la casta de los brahmanes que llegan a jefes a los 30 años porque están apuntados al mismo club de golf que el director de la empresa donde acaban de entrar". Con 20 años era muy ilusa y pensaba que si estudiaba duro y me sacaba un título con notas decentes podría soñar con un buen futuro. Pero luego de encontrarme al más tonto de mi clase dirigiendo un departamento en una empresa en la que sólo me ofrecían un puesto de lo más bajo, mi suposicíon de que debe haber correlación entre inteligencia y status laboral ha quedado totalmente chafada.

Así pues, para ascender en una empresa no hay que trabajar duro, no hay que resolver muchos marrones, no hay que acumular certificaciones ni hablar cinco idiomas. Tan sólo hay que tener buenos contactos, tomar café y copas con quien tiene la llave de tu ascenso y llevar un traje de Armani Privée. Y bueno, pasar muchas horas haciendo que haces y aprender a hacer presentaciones con muchos colorines.

A ver si va a tener razón la tal Corinna y es que no me toman en serio en mi empresa porque soy mujer y rubia... Lo segundo podría tener solución pero lo primero... Lo veo difícil. De todos modos, a la siguiente entrevista de trabajo que vaya debería ir con barba y gafapastas, a ver si así me toman por alguien profesionalmente válido.

Es curioso que este mes que me han operado el útero y estoy a la espera mañana del resultado de la biopsia, me preocupe ahora menos el tema del niño que los dos temas estrella de este comienzo de año a saber: Mi futuro con O y la cantidad de tareas que lleva algo tan sencillo y simple como unirte a alguien. Y después, mi futuro laboral en una España que parece la réplica de la película Bananas de Woody Allen.




 

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