VOILÁ LA MACHINE DE LA PERSONALITÈ


Ayer leí la noticia de que unos científicos franceses, que mejor se podrían haber dedicado a mejorar la Vichyssoise o la souflé de gambas, han inventado una máquina llamada QPM para determinar la personalidad de cualquier individuo con sólo conectarle una serie de sensores al cuerpo, en una versión extendida del famoso polígrafo.

Tras leer la noticia, me fui a la página original de esta gente, porque doy poco crédito a las noticias refritas de periódicos de dudosilla reputación, pero hete aquí que la noticia es escalofriantemente cierta. De hecho, en la página de estos científicos exponen cual si fuera una presentación sobre Windows Vista o cualquier otro software, una serie de estadísticos en colorines, con tablas, diagramas circulares y un montón de información a que pueden obtener. Para más recochineo, muestran las “variables” que presuntamente miden.

El fundamento científico detrás de este engendro resulta que es la respuesta eléctrica del cuerpo a diversos estímulos, de modo que, poniendo un ejemplo que lo entiendan los cristianos, si me estimulan la zona del estómago y el corazón empieza a latirme muy deprisa, determinan que no estoy en buena forma física, no tengo resistencia al dolor y soy cobarde, por poner un ejemplo.

No soy muy ducha en biofísica ni en conocer los impulsos eléctricos y estímulos que envía el cerebro al sistema periférico ni por supuesto en interpretarlo. Me parece aberrante, no obstante, el uso de artilugios ya sea la dichosa “máquina de la verdad”, de la “personalidad”, del “amor calentito” o lo que sea.

Mi primera experiencia con una máquina estúpida de esas era cuando era jovencita y en las discotecas de moda ponían una máquina que, por la temperatura de los dedos, determinaba si estabas enamorado o no. Huelga decir que aquello era un cachondeo padre y sólo servía como excusa para entablar palique con los usuarios de la misma.

Tampoco he sido muy confiada en las máquinas automáticas que miden la presión sanguínea, la altura, la masa corporal o el peso. Si pruebas en diversas máquinas salen siempre resultados distintos, y a veces, hay variaciones bastante grandes. Mi propia báscula digital difiere casi un kilo si la coloco sobre una baldosa o su contigua, como para fiarme del resultado de una máquina que mide algo tan complejo como la personalidad...

No sé aquí en España la validez de adquirir una máquina de éstas. Ya me veo a las consultoras de RRHH frotándose las manos ante la posibilidad de ahorrarse psicólogos y quince kilos de papel, plantillas correctoras y manuales con figuras de dominó, cartas y preguntas absurdas sobre materias igualmente absurdas.

De todos los test psicotécnicos que he hecho, sólo he obtenido la conclusión de que me entrenaron muy bien de pequeña a contar y calcular de cabeza y que me he aprendido a usar la lógica oficial con muy buenos resultados. Pero a mí tanto me da que mi Coeficiente Intelectual sea dictaminado como de 183 o de 122. Yo sé cómo soy, mis fortalezas y debilidades, y desde luego, mi aspiración en la vida no es la de calcular la raíz séptima de 145672347643 en menos de tres segundos y con ocho cifras decimales. Para eso ya han inventado las calculadoras y los ordenadores. Mi cabeza debe ser usada para cosas más creativas y llega un momento en la vida de una persona en que supone que , ya que va a ir perdiendo neuronas, desea que éstas se usen para las labores más ventajosas, como por ejemplo, detectar en qué estación de metro se va a producir el mogollón más bestial en hora punta, qué carajo quiere indicar el panel que ve a lo lejos en la carretera y que es crucial para aparecer en Alicante y no en Tomelloso o si el vecino de al lado nos roba las cartas promocionales o no. Por poner ejemplos prácticos.

Recuerdo las empresas de RRHH que la ley, menos mal esta vez que alguien sensato dictamina algo razonable, concretamente la ley de Protección de Datos, prohibe utilizar resultados de pruebas automáticas para obtener valoraciones sobre personas que puedan ser utilizadas en su perjuicio. Las valoraciones sobre personalidad deben ser realizadas por psicólogos cualificados. Un ejemplo: Supongamos que quiero inhabilitar a mi padre porque sospecho que está como una chota para así hacerme con sus negocios. Pues entonces tengo que poner una demanda en el juzgado y éste enviará peritos para valorar el estado de la salud mental de mi padre. Lo que no sería válido es conectar a mi padre a una de esas máquinas o ponerle al frente de la Nintendo Braintrainning y, si no avanza de pantalla, dictaminar que no está habilitado para llevar su negocio.


Bueno chicos, os dejo que tengo que irme prontito a la camita ya que el sábado me voy fuera de fin de semana a Candelario, un bonito pueblo de la sierra de Béjar. Según la web, este domingo escenifican una boda al uso de la época, con vestidos tradicionales y usos típicos. Esto suena bastante interesante, aunque procuraré no olvidarme de la morcilla de calabaza, que es insuperable.

Buen finde a todos.


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