Ayuno y Penitencia

No me extraña que Esaú vendiera su primogenitura por un plato de lentejas. Hoy mismo yo mataría por poder comer siquiera un filetito a la plancha y no digamos ya una paella o un pastel de chocolate.

No, no es que me haya recluido en un monasterio budista ni me hayan empastado quince muelas. Es que este jueves comencé la dieta draconiana que me ha puesto mi endocrino, a fin de evitar que mis problemas con el azúcar deriven en una diabetes de difícil solución.

Tengo prohibido el azúcar en todas sus variedades. Restringidas las féculas como las patatas y el arroz. El pan, un currusquito para todo el día y además integral. Y la pasta pues no más de tres veces por semana. Por supuesto que los embutidos, carnes grasas y demás, todo prohibido.

Ah, y si fuera poco, todos los días me tengo que hacer andando siete kilómetros, a poder ser en una hora y poco y una vez a la semana, semiayunar. O sea: Estar todo el día a base de frutas y ensaladas austeras. Y digo bien lo de ensalada austera porque, según mi médico, hay gente que entiende por ensalada lechuga con callos y chorizo, con tal de que esté todo bien revuelto y aliñado…Y no, ensalada es lechuga y afines, tomate, cebolla y alguna verdura más aliñado sólo con un poquitito de aceite, vinagre y sal.

Yo pensaba que esto de la fruta un día por semana lo iba a llevar mejor, pero me ha tocado hoy domingo (no veo otro día en que poder tirarme todo el día pelando frutas e ingiriéndolas cuando empiezo ya a medio desmayarme). Pero, insisto, ¿no hay otra manera de que pueda perder siete kilos y no sufrir de diabetes ni del Síndrome del Ovario Poliquístico? ¿Dónde está la ciencia moderna esa?

Para añadir más a la guinda, este médico me ha pedido una resonancia del cerebro, no sea que se me esté formando un adenoma en la hipófisis, ante lo cual hay que tener las hormonas a raya. Vaya alegrías que me dio el otro jueves este señor.

No, si ya me veo a fruta y verdura hasta el fin de mis días, y eso si tengo suerte, que se me van a hacer largos sin un buen chuletón ni un tiramisú.

Pero, ¿sabéis qué es lo que llevo peor? La incomprensión. Sí, la incomprensión. Los mismos amigos, parientes y demás que me aconsejan perder unos cuantos kilitos, son los mismos que intentan boicotearme la dieta, bien ofreciéndome, bien tentándome descaradamente con sus delicatessen cuando quedamos para vernos, y acabamos cenando o tomando algo...

Veamos un ejemplo: Ayer fui a comer a casa de mis padres y, en principio, bien, mi madre comprendió que me trajera parte de la comida. Pero luego después de pensar que quizás con un día de sacrificio ya bastaba, me dijo que hoy había paella y que si no iba a venir. Le dije lo del día del ayuno de la fruta y me puso una cara más rara…Jolín, que no me lo he inventando yo, que no tengo imaginación tan calenturienta. Parece que le sentó un tanto así que renegase de su paella y me temo que me matará si no cato el jueves de la tarta de su cumpleaños. Ay, Dios, ¿por qué los cumpleaños se celebran con tartas de yema en vez de alcachofas hervidas con huevo cocido? No es justo que, además de darme envidia y pasar hambre, acabe pareciendo una hija ingrata…

Pero lo peor es mi novio, Mr. Z. Yo ya le he enseñado la hoja del endocrino no sé cuántas veces, y ayer fuimos por la mañana a comprar mis provisiones para la dieta de la semana, a saber: Yogures desnatados, fruta, tostadas de pan integral, pollo en filetitos, huevos, lechuga, tomate…Pues nada. El siempre tiene que hacer una parada en el estante de los callos, fabada y demás y me pregunta si me vale por judías blancas un bote de algo cocinado que parece que lleve de todo menos judías…Nada, no entiende que cuando un médico te pone lentejas o judías quiere decir exacta y solamente eso: Lentejas en ensalada son lentejas, lechuga, tomate y cebolla, quizás con zanahoria y hasta huevo cocido, pero no lentejas con chorizo, patatas, tocino, manitas de cerdo y vete a saber qué más…Y lo mismo con el pollo, que entiende por filetes de pollo unos finger o algo totalmente empanado….No hay manera. Y luego, para mayor crueldad, se pilla para sí unos postres de esos de quinientas calorías, unas buenas salchichas alemanas y un par de cartones de tomate frito, de ese que no podré catar hasta el siglo que viene…Qué duro es vivir con un maromo de noventa kilos y largo como un día sin pan (ahora entiendo bien la expresión), al que le cae todo bien en el estómago y que puede meterse al día 2.500 calorías y perder peso, y eso sin hacer más deporte que el zapping, que no digamos ya si vamos a la sierra, que se come un cordero entero y hace la digestión en la bajada…

Pero con los amigos pierdes hasta el contacto. La vida social se convierte en una ruina o en una dura prueba. Para empezar, lo compartir raciones, ni pensarlo. Ya tienes que proponerles que tú vas aparte, y que lo de: “un día es un día” no cuela porque al final habría más excepciones que días correctos y acaba siendo tu dieta como el tapiz de Penélope que tejía de día y destejía de noche. O como Bridget Jones, que un día no come y al siguiente se atiborra y su báscula tiene ya lo muelles desgastados de tanto sube y baja…Lo peor es que al final, acabas engordando más y más…Así que no, no hay excepciones, ni aunque sea el cumpleaños de Fulanito ni la boda de Menganita…

Y digo yo, ¿por qué no tendrán los bares y restaurantes preparado un menú de dieta para los que estamos a dieta y aún así, no nos gusta encerrarnos en casa con el cilicio y la vela? ¿Es que no puedes quedar a cenar con tus amigos sin tener que pasarte toda la noche viendo como ellos cenan y tú no? Y encima, todos incitándote a probar…

Ay, no es justo. Esto es como ser anoréxica pero por imposición médica, con la diferencia de que yo no es que me vea gorda, es que estoy un poco rellenita y no, dejar de comer no me da energía ni afán de perfección sino un hambre y una debilidad que me muero…Pero claro, o pongo freno ahora o dentro de dos años en vez de un hijo tendré quince kilos más y por ahí yo no paso. Me niego a estropearme la salud, la figura y mi futuro como madre por no hacer el sacrificio ahora. Um, ahora entiendo lo mal que lo tuvo que pasar Jesús perdido cuarenta días por el desierto… Y por no hablar de las experiencias místicas que resultan del ayuno….

No sé si es por el hambre o qué, pero esta tarde, que he empezado a meditar, o sea a intentar la meditación trascendental según un libro que me he comprado. Y debe ser bueno el libro, porque no me he quedado dormida meditando, como otras veces. Debe ser que el hambre es bueno para meditar, porque, ¿os imagináis cerrando los ojos a las cuatro de la tarde después de comerme una paella de las que hace mi madre? Imposible conseguir la iluminación. Aunque, ahora que me fijo, ¿Por qué Buda era tan gordo? En cualquier caso, me alegro de haber podido estar media hora concentrada y sin dormirme. Creo que voy a practicarlo más a menudo. Por lo menos oigo música relajante. Os contaré si consigo perder algún kilito o acabo levitando, lo que antes se consiga.

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