SUPERVIVIENTE EMOCIONAL

La buena noticia de la semana es que mi padre salió bien de la operación. Menos mal. Pero todavía hay que esperar cómo evoluciona y si requiere más operaciones. Según mi propio progenitor, después de más de un mes enfermo y de hospitales, se siente como un melón que empiezan a abrir y van encontrando más y más sitios por donde irle metiendo el cuchillito para probarlo. En fin, al menos la cosa va yendo bien.

Cuando hablé con él hace poco rato, he tenido que disimular mi tensión emocional y es que ayer, a pesar de que Z vino al hospital y se interesó por mi padre, lo cual es conmovedor, no he podido evitar tener de nuevo bronca gorda con él.

El tema recurrente ya se sabe. Pero esta vez yo ya no he podido más y creo que he perdido los nervios y le he dicho de todo.

Es horrible cuando alguien a quien todavía quieres te saca así de tus casillas. Una vez me dijo que cuando me enfadaba le daba miedo. Ayer imagino que me debió ver como un dragón echándole el fuego encima, pero es que la situación ya está tremendamente tensa entre los dos desde que hace tres meses tuviéramos la primera bronca gorda de nuestra relación. Vamos, la bronca del principio del fin. Ayer me temo que era la de punto y final, porque después de la bilis que saqué de mis tripas metafóricamente hablando, es como si hubiese quemado las naves para asegurarme de que no me daban tentaciones de volverme atrás. No sé si alguno ha pasado alguna vez por rupturas tan dolorosas y en tantos plazos. De repente, después de muchos altibajos y discusiones intermedias, y después de una pequeña tregua (en falso, calma chicha) uno se da cuenta de que está incómodo, de que estar al lado de esa persona es como tener hipo, que nunca estás a gusto del todo y llegas a perder los nervios cuando pasa y pasa el rato y el puñetero diafragma no llega a colocarse en su sitio. Llega entonces un día la bronca en mayúsculas. A veces llega de improviso y de la manera más tonta posible. Con uno de mi ex el detonante fue que yo estaba acatarrada y que él (llamémosle X) estaba fumando a mi lado y yo tosiendo más y más. Al final le grité que era un cerdo asqueroso y egoísta que ni aún viéndome echar los pulmones por la boca era capaz de apagar el jodido cigarrillo. El, que por aquel entonces pasaba crisis de ansiedad, tuvo un ataque y fue el final del final.

Con otro ex (llamémosle Y) el detonante fue una plantada con su hermano y su sobrino una tarde barbacoa que yo estaba vomitando y con insolación y dolor de cabeza. Su egoísmo al no quedarse conmigo cuidándome fue la gota que colmó el vaso. La verdad es que ya tenía voluntario para que cuidara de mí, que es el actual Z, pero eso es otra historia.

No sé, pero creo que voy a seguir los dictámenes que me dice la vocecita interior y voy a seguir con mi proyecto de vida yo sola. Al fin y al cabo, bien cierto es que mejor sola que mal acompaña. ¿Qué acabaré madre soltera y enterrada en deudas y obligaciones? Mejor eso que pasar el resto de mi vida frustrada al lado de alguien a quien le provoca agonías de muerte decidirse entre beber Pepsi Light o Coca Cola zero.

No, el problema real con Z no es si vivir juntos, comprar una casa o tener hijos. El problema de Z es que, como le dije en un rapto de furia del que me siento fatal “Es un subnormal emocional”. Es decir, una persona perfectamente capaz de terminar una carrera con nota, de sacarse una oposición, de trabajar, de planificar al detalle un viaje, de cocinar, de planchar, de opinar sobre la profundidad del Cosmos, pero incapaz de llevar una vida de adulto en lo que a las relaciones de pareja se refiere. Esto implica asumir el propio papel en las relaciones, siendo sincero y claro en las expectativas y nivel de compromiso. Ser sincero en las implicaciones y no parodiar los personajes de las comedias románticas para luego huir cuando las cosas se ponen “muy mundanas”. Se ve que en las películas románticas los protagonistas masculinos son capaces de cruzar sobre lenguas de lava ardiente para rescatar a su princesita en apuros, pero totalmente impotentes ante las responsabilidades domésticas. Sin ir más lejos, uno de los personajes masculinos más deseados, Brad Pitt, se comporta como un marido egoísta y un padre inexistente en “Siete años en el Tibet”. Más de una mujer adulta, yo misma, le hubiéramos dado de palos cuando se va a la expedición a las montañas dejando a su joven esposa abandonada y embarazadísima. A nadie le sorprende que, cuando madura tras su experiencia con el joven Dalai Lama, al que hace de profesor y casi de padre (aunque más bien uno se da cuenta de que es al revés emocionalmente hablando), se encuentra que su mujer se ha vuelto a casar y su hijo llama padre al nuevo marido de su madre.

En fin, duro es, pero lo más duro es darme cuenta de que si él es así, yo también soy culpable porque soy “masoca o mártir emocional”. Si él no sabe lo que quiere es su problema, no él mío. El haber permitido que fuera mi problema por un mal llamado sentimiento de amor y de abnegación de pareja es un error muy gordo que cometemos muchas mujeres. Y mujeres que por otra parte somos inteligentes y perfectamente capaces de sacar adelante hasta una expedición a Saturno solitas si nos lo proponemos. Hay un dicho que reza: “Cualquier mujer puede manejar al más listo de los hombres pero hay que ser extremadamente habilidosa y espabilada para manejar a un hombre necio”. Y yo me siento así, incapaz por activa y por pasiva de explicar el abc emocional a Z.

En fin, que los próximos años a cuidarme, a cuidarme mucho, muchas vitaminas, ponerme bien delgadita, hacer pasar un psicotécnico y un test de personalidad. A cuanto candidato a pareja me surjan, y dado que ya se me está no ya pasando sino chamuscado el arroz a lo socarré , no estaría tampoco de más hacer pasar a los futuribles un test genético y un espermiograma, no sea que después de encontrar al hombre ideal sea estéril o peor aún, me salgan los niños con tres cabezas...

Al menos esta vez no se me ha pasado por la cabeza meterme veinte pastillas de Ibuprofeno. Tal vez sea la idea de empezarme a preparar para ser mamá en un futuro próximo con o sin pareja lo que me da fuerzas para no hundirme en mi miseria emocional o atracarme de maltessers hasta que me revienten los vaqueros o las ronchas de acné me deformen la cara por completo.

En fin, arpovecharé los próximos días de tranquilidad y calma chicha (no hay viajes en lontananza en unas semanas, mi padre va mejorando, los ovarios parece que han dejado de dolerme a reventar, etc) para ponerme las pilas con los estudios, la casa y retomar a los amigos no abandonados, sino perdidos en el hiperespacio de las mil y una desventuras.

Comentarios

Alvaro ha dicho que…
Bueno Maite, me tienes enganchado a tus culebrones :)

Una curiosidad: Z sabe de la existencia de este blog? podría crear el otro (no se... "elblogdepeterpan"?) y así dar su versión de los hechos...

Un bso de A - me he auto-adjudicado una letra antes de que se agoten ;)

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