EL AÑO DE LA RATA


Lo primero de todo me gustaría agradecer a todos vosotros, amigos, conocidos y desconocidos que me habéis enviado mensajes de ánimo estos días y me habéis hecho reflexionar profundamente sobre mi crisis existencial.

Y digo bien existencial porque ha sido mucho más que una crisis sentimental. Al fin y al cabo, desilusiones se lleva una un montón a poco que salga con alguien y se dé cuenta luego de qué pie cojea. En mi caso y ahora que voy en dirección a los cuarenta años – Me quedan un escaso par de años para llegar – el problema no es sólo si seguir o no con la pareja actual, sino si mis objetivos en la vida son razonables y alcanzables, que es mucho más problemático ya que arrastra consecuencias de todo tipo...

Como entramos el miércoles pasado en el año chino de la Rata, y los que me conocéis de años atrás sabéis que no me gustan los buenos propósitos del 1 de enero ya que el cerebro está todavía turbio de alcohol y bullicio navideño, aprovecho siempre el mes de febrero para hacer balance existencial y formular mis sinceros buenos propósitos.

Ayer domingo estuve haciendo balance mental y viendo qué necesitaba hacer para mejorar mi calidad de vida en todos los aspectos.

Empecemos por el balance anual:

1.- Salud.

Hombre, no sé qué nota darle. Desde el año pasado por estas fechas no he vuelto a tener que ir a urgencias a que me inyecten Urbason en cantidades industriales por culpa de un virus mutante, ni me he vuelto a romper la rodilla o el tobillo, lo cual es un alivio, no creáis. Mis faringitis han sido reemplazadas por sanos constipados, como el que pasado este fin de semana y gracias al cual he podido disfrutar de un día de paz interior sola en casita.

Sin embargo, tengo desarreglos de tipo endocrino-ginecológico, he tenido jaquecas en las que he pensado que mi cerebro se llegaba a licuar y mis riñones se atascan más que mi fregadero. Y esto no es bueno. Como solución de emergencia he dejado la píldora y tomo vitaminas y yodo para el tiroides. Y no sé si es mejor el remedio o la enfermedad, pero al menos llevo ya una semana sin jaqueca, lo cual es un logro, y al no tomar una caja de ibuprofeno por semana ahora el riñón me ha dado tregua.

He perdido ya dos kilitos lo cual me ha reconciliado con mis vaqueros más entallados, al no tener jaqueca no estoy de mal humor y con ganas de bronca con todo el mundo, y todo parece irme mejor excepto que ahora tengo espasmos dolorosos en útero y ovario sano, lo cual me empieza a preocupar...

Para no marear al personal, le pondré un 7 a mi salud y andando. Achaques los tiene todo el mundo y durmiendo entre poco y nada, picoteando en la máquina de mi curro, tomando snacks en los aeropuertos más cutres, bebiendo agua del grifo allá por donde voy y descongelando varitas de supuesto pescado cuando paro por Madrid, demasiado mérito tiene ya el que no se me haya agujerado el estómago, se me haya destrozado el hígado, me hayan salido parásitos intestinales o no se me hayan llenado las “cartucheras” de rollitos y rollitos de grasa... Además, voy al gimnasio siempre que puedo, aunque últimamente estoy tan cansada y tengo tantas cosas que hacer que algunos jueves estoy empezando a flojear. Pero igual es bueno que de vez en cuando rompa la férrea disciplina o me convertiré en un marine en vez de en una muchacha sana...

2.- Trabajo.

Bien, la evaluación fue buena, me subieron algo el sueldo, aunque ahora resulta que he entrado en un tramo de “alto status” y la retención del IRPF es de órdago. Al subirme también la base de cotización, mi suculento aumento se queda poco más que en 45 euros netos... Y para esto matarme todo el año... Pero no me puedo quejar, mi sector no sufre tantos vaivenes como la economía, tengo buenos proyectos y aprobé el examen de certificación profesional al que me presenté en diciembre. No me puedo quejar, más ahora que me han traído refuerzos. No obstante, voy a ver si sigo estudiando y me centro un poco más para ver cómo demonios consigo ganar el doble de sueldo antes de cumplir los 42 años y poder así mantener a mi prole – La que supuestamente tendré para entonces, se supone. Le pondré un 9 a este apartado, que va bastante bien.

3.- Estudios.

Bueno, capeando el temporal. Teniendo en cuenta lo poco que puedo asistir a las clases de la Escuela de Idiomas y la cantidad de cosas que tengo que hacer, demasiado bien si consigo aprobar el francés a duras penas y el alemán lo voy al menos controlando para que no baje del 4 y tener alguna opción en septiembre, así van las cosas... Le pondré un 6 y creo que va que chuta.

4.- Amor.

Bueno, aquí la cosa va mal, para qué negarlo. Tirarse cuatro años y medio con un chico para ahora dejar las cosas y como mucho regresar a un status de “amigovio”, esto es ir para atrás como el cangrejo. Claro que, por otro lado, puesto que la cosa con este chico no tener futuro, al menos me deja más tiempo libre para dedicármelo a mí misma y mis cosas. Atrás voy a dejar los sábados en que me tiraba toda la tarde preparando una suculenta cenita, limpiando la casita como la patena, todo bonito y acogedor, yendo a comprar al Carrefour su salmón ahumado o su bebida favorita. También se acabaron los domingos en que le tenía que arrastrar a dormir a la una y pico porque se había enganchado al programa del “Friker” y yo estaba ya muerta de cansancio, eso por no hablar por los tropecientos platos que me tocaba fregar los lunes después... Ayer no os podéis imaginar cómo me alegré de irme a la camita a las doce como Cenicienta para poderme currar el catarro. Mi nariz me agradeció las atenciones y hoy ya estoy como nueva... Se acabaron también los jueves esperando a que viniese de la academia, yo llegando corriendo del gimnasio, ducha rapidísima mientras ponía un ojo en la cacerolita donde cocina la sopita rica, rica... Todo ese tiempo lo podré dedicar a otros menesteres más egoístas. Que le cocine su mamá, que tanto y tanto lo quiere librar de “lagartonas”. Que se lo quede confitado, que pronto aprenderá como lo han hecho las madres de mis ex, que cuando una rechaza a una novia aceptable, luego le toca a una apechugar en su vejez con el nene en casa. Porque muchos hombres no se van de casa si no es por una chica. Y si no, el ejemplo de mi hermano. Ja. Yo desde luego que para un par de polvos a la semana sin compromiso no estoy más dispuesta a hacer el imbécil. Le pondré un 3 a este apartado y le dedicaré unas cuantas pensadas para mejorarlo.

Buenos propósitos, aquí van.

1.- Lo primero de todo y por encima de todo, es no tomarme nada ni nadie en serio. Si algo lo merece, bien, pero si no lo merece, pues ahí queda. Mi grado de preocupación por la gente va a ser proporcional al que me deparen a mí. Se acabó ya de hacer de mami. Si alguien necesita algo de mí, lo primero que me lo pida, y lo segundo que ya se verá si puedo o no. Cultivar un sano egoísmo va a ser lo mejor.

2.- No esperar demasiado de nadie y hacer los planes por mi cuenta. Así no gasto energías en lamentarme por: El amigo/a malqueda o tardón, padres impresentables, novios indecisos, inmaduros, etc. Ahora decidiré todo por mí misma y si alguien quiere sumarse a mis planes, que lo diga.

3.- Ampliar mi círculo de amistades. Salir por ahí y conocer ambientes y gente nueva. Hasta ahora y con la excusa – Justificada, no obstante – Del trabajo, la falta de transporte, el cansancio, etc – Me he quedado en casa como una seta y sólo he salido por ahí con la pareja o los dos amigos de siempre y muy poquito, y esto está definitivamente requetemal. A partir de ahora voy a lucir por ahí mi lozanía al menos un par de veces al mes, ea.

4.- Mejorar mi look. No me he ido dando cuenta pero, por motivos prácticos, acabo pareciendo a mi abuelita en el trabajo y a mi madre fuera de casa. A mi abuelita por los trajes tan clásicos y sufriditos y a mi madre por lo de ir cómoda, con ropa amplia, chandals, zapatos planos, etc. Y esto no puede ser. Tengo que aprender a ser más presumida, y a lucir el tipito que se me va a quedar cuando adelgace los cuatro kilitos que me faltan para retomar mi figura de adolescente. Así que a cortarme el pelo “cool”, a darme mechitas gordas, a vestir más modernita...

5.- La paz interior. Sí, yo creo que siendo más egoísta, más despreocupada y teniendo mucho más morro voy a conseguir la paz interior. Pero para todo eso necesito estar mucho más mona. A la porra el feminismo, eso ha sido mi error, ir de pringada superwoman por la vida. A la porra ir de chica buena por ahí. Que las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes. Ea!!

Ah, y a propósito de la rata, me acuerdo del famoso Super Ratón, que siempre acababa con la coletilla: “Y no olviden vitaminarse y supermineralizarse”. Así que le daré al complejo vitamínico a ver si a sí me mejora el estado de ánimo.

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