RELOOKAGE


El amor es realmente ciego, esto no lo digo yo sola, que lo acabo de leer en un reportaje del periódico.

Parece ser que, según un estudio de la Universidad de California (la UCLA para los amigos), la gente que está enamorada de sus parejas no tiene más que ojitos para su amad@ y no aprecia las cualidades físicas del resto.

La verdad que pienso yo en qué malgasta el dinero la universidad esa. Si eso mismo me dicen mis hermanas, mi madre y mis amigas y además gratis: “Nena, tienes que estar muy ciega para que te guste Menganito, pero si es: X”. Cámbiese X por : Idiota, feo de cojones, caradura, un niño de mamá, vago redomado, un alcohólico, un tarado, etc, etc, etc, según la apreciación del sujeto.

Tiene narices que luego, una vez que has roto con Menganito, y sales con Zutanito, te diga tu mamá, hermanas, amigas, etc: “Pues Menganito era más Y que Zutanito”. Donde Y puede ser: Guapo, maduro, inteligente, sensato, buena persona, simpático, solvente, etc. A ver si ahora la Universidad esta hace un estudio sobre por qué los ex son más atractivos a los ojos de los padres que las actuales parejas de los hijos.

De todos modos, si el amor es ciego para el tema de la atracción, no lo es para otros temas más objetivos. Es decir, que uno puede estar muy ciego y pensar que su pichurrín/ina es más guapo que Brad Pitt/Angelina Jolie pero lo que seguro no pensará de su supuesta media naranja es que es el espécimen más cualificado profesionalmente del mundo cuando cuatripitió sexto de primaria y su última ocupación era repartir propaganda en el Metro.

He ahí que matizo que, si bien uno es ciego para todo lo subjetivo de este mundo, y por eso el amor no propicia que uno sea ecuánime con el objeto de sus suspiros, sí que la mayoría no estamos invidentes a la hora de valorar lo aceptablemente sano para una relación estable en dicho objeto amoroso. Lo malo son las contradicciones. Claro. Uno se enamora primero y luego sufre cuando pasa el tiempo y el sujeto no se adapta a las fases establecidas en pos de una relación estable. Esto se podría analizar de antemano, lo que ocurre es que el amor es ciego y kamikaze añadiría yo.

Por ejemplo, si una mujer aspirar a tener cuatro hijos, no debería enamorarse de un vejestorio de noventa años, a menos que dicho abuelete sea como el ex marido de la fallecida chica Playboy – Que por cierto, luego de carambola con el tema de la bebé que dejó, la fortuna ha ido al último amante de esta... ¿No es un poquito sospechoso el tema?

De igual manera, si un chico joven pretende vivir de Peter Pan hasta los sesenta años atrincherado en casa de mamá, por lo menos no debería enamorarse de una chica mayor que él sino de una pipiola de dieciocho añitos, catorce años más joven para que le dé el tiempo suficiente al eterno jovenzuelo a hacerse a la idea de que el Futuro, ese intangible sitio donde se postergan las responsabilidades de adulto, puede llegar a materializarse al lado de la chavalita elegida.

El problema es que el amor no sólo es ciego, sino dominado por unos seres llamados genes que no entienden de hipotecas, complejos freudianos ni coyunturas económicas, sino sólo de feromonas y fluidos. Maldita sea la biología!!

¿Por qué me fijé yo en Z, un chaval algo más jovencito y bastante más inexperto que yo en asuntos amorosos? ¿Por qué no me fijé en, por ejemplo, mi amigo E , cansado de andar por ahí “dando tumbos sentimentales” y que tenía por aquel entonces edad para casarse en el plazo de un año y lanzarse a tener hijos en serie? De hecho, mientras yo “pelaba la pava con Z” a mi amigo E le ha dado tiempo a conocer a una “buena chica”, corterjarla, casarse y tener dos hijos.

Decía mi amiga Yoli que las mujeres somos tontas, pues no teniendo oportunidad de dar con un clon exacto de Brad Pitt, qué más da enamorarse de un rico o de un pobre, y con el rico seguro que la vida es más fácil...

El problema es la química, claro. Con Z me secuestró la química y con E, aunque el chico no está mal del todo, no sentía yo nada que me impulsase a conquistarlo. Porque, admitámoslo, somos las mujeres las que elegimos, y ellos creen que nos cazan, así son de pavos.

A poco de conocer a Z me embargó una atracción desconocida hacia él y culpable de todo lo que sucedió después, pues ocurrió que él también sufría del mismo magnetismo hacia mí y me hincó el diente, pasando de la química a la física en un santiamén.

El problema es que el amor no es sólo química, sino más cosas que no llegan a materializarse, a pasar de que nos hemos tirado unos cuantos años de relación, incluso aunque en el plano amistoso también existía bastante buena sintonía y gustos compartidos. El problema es que ambos vamos por caminos distintos, pero no sólo ahora, sino desde el principio, y la convergencia me temo que es como los planos proyectivos, o sea, en el infinito.

Yo, con más de treinta años por aquel entonces, acumulaba mucha experiencia personal y profesional, una carrera que se estaba asentando, un sueldo ,si no cuantioso, al menos digno, una independencia, una vivienda propia y unos objetivos vitales que apuntaban más hacia una estabilidad profesional y familiar que a vivir experiencias locas o acumular amantes y noches de botellón.

El, por su parte, recién salido del cascarón, viviendo con sus padres todavía, y bajo sus normas rígidas – Esto lo peor, estudiante y trabajador eventual entonces, y supongo que con ganas de vivir noches local por ahí y acumular experiencias vitales...

Analizando el tema yo creo que fue porque empezó nuestra historia juntos en una noche loca de esas por lo que se confundieron todas las cosas. ¿Acaso yo no estaba tan madura y asentada como pretendía? Y él, ¿por qué se ha tirado tanto tiempo conmigo si su lógica evolución lo debería llevar a salir con los amigos de juerga todos los fines de semana?

No entiendo bien los motivos por los que algo tan frágil e inestable ha durado tanto tiempo. Lo lógico hubiera sido un verano, no más. El debería haberse dado cuenta de que yo soy “una mujer con el tictac biológico acelerándose muy a su pesar” y yo debería haberme dado cuenta de que él no es más que un “polluelo recién salido de su cascarón” y todo esto no debido a la pequeña diferencia de edad oficial que hay entre nosotros, sino a la diferencia de edad emocional.

Pero me pregunto si no será que yo no soy tan diferente de él, si Z no ha tomado en serio mis planes de futuro porque mi imagen decía otra cosa bien distinta. Quizás si yo hubiera vestido de chica “grande” se hubiese dado cuenta de lo que significaba salir con una treintañera y hubiera desistido de salir conmigo o se hubiese puesto las pilas para dejar el “País de Nunca Jamás” y poner los pies en el suelo. Pero no pretender hacer de mí su eterna “Campanilla” simplemente porque ha creído ver en mi un par de alitas revoltosillas...

El look de una persona viene a ser como su carta de presentación, y por ahí andamos con el problema:

Yo tengo edad para vestirme de “señora” pero odio hacerlo, porque no me siento la viva imagen de una “señora de treintaymuchos”. De hecho, en mi fuero interno, me siento igual que cuando tenía veintitrés años. No me siento cansada, aburrida, perezosa de salir ni me veo especiales arrugas o abundantes canas o descolgaduras carnales que muestren mi DNI por ahí con desvergüenza.

Por compromisos de trabajo, no tengo más remedio que enfundarme de vez en cuando en ropa “de mayor”, o sea pantalón y chaqueta de traje clásico. Pero realmente no me reconozco en el espejo, voy “disfrazada”.

No es que en mis ratos de ocio vaya por con siete piercings y pantalones que dejan poco lugar a la imaginación mostrando el tanga de guerra, pero sí me gusta vestir de sport, o con ropa de jovencita, siempre, claro está, que consiga encontrar mi talla, que eso si que es un problema, sobre todo porque la 44 que gasto de arriba no se suele encontrar en las tiendas fashion.

Sin divagar sobre mis problemas con las tallas y mi formas, la conclusión a la que llego es que doy una imagen externa que dice algo de mí que no quisiera yo parecer.

¿Cómo va a pensar alguien que quiero formar una familia y sentar la cabeza si mi look se parece más al de Anastacia que al de Merche del Cuéntame? Así nadie se cree que yo quiera algo serio con un hombre!!!!

Así que voy a tener que empezar a renovar mi vestuario y dejarme de horquillitas, coleteros infantiles, pulseritas de nena y tanguitas de esos de dibujitos y corazoncitos...

¿Alguna sugerencia?

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