LA PRIMA DE RUSIA


Ese es el nombre que una amiga mía le había puesto a su menstruación. Eufemismos que se emplean para definir lo mismo. Como si fuera algo vergonzoso!!

Hoy voy a hablar de un tema que igual hiera la susceptibilidad de los lectores, por las descripciones que voy a hacer. Pero quiero que sirva como homenaje a las sufridas féminas que padecemos estos trastornos mes tras mes estoicamente, sin siquiera poder cogernos una baja laboral.

Este fin de semana he estado hecha migas, por lo menos el sábado y parte del domingo.

Lo miraré por el lado bueno. Pensaré que después de quince años, mi ovario sano es capaz de producir óvulos y todo, así que debo agradecerles a mis ginecólogos los cuidados que me han ido prodigando estos años para que no me saliesen tumores también en este ovario sano. Y que mi útero está en buena forma después de haberlo arrasado con láser hace seis años, de eso no me cabe la menor duda.

Ya no me acordaba lo que era tener la regla de verdad. Quince años dopada con anticonceptivos me habían hecho ser puntual como un reloj suizo en mis “hemorragias mensuales por deprivación hormonal” y, salvo las jaquecas que eran igualmente puntuales, por lo demás para mí “esos días” eran siempre una anotación en la agenda para acordarme de comprar compresas, analgésicos especiales para la jaqueca y el nuevo envase para continuar. De hecho podía saber al 100% qué día me iba a doler la cabeza y qué día no debía ir a nadar o hacer ejercicio violento. Lo tenía todo bien apuntadito. Así era más fácil planificar vacaciones, reuniones, actividades...

Ahora no. Y, de hecho, tanto me había hecho a la idea de que me iba a tirar tiempo sin bajarme la regla, porque me decían incluso que hasta tres meses de retraso era normal después de tantos años con la pildorita, que hasta me había olvidado de comprar la intendencia necesaria.

Es más, llegué a volverme un poco paranoica porque este síndrome premenstrual que he padecido se parecía más a un embarazo que a cualquier otra cosa: Mareos, vómitos por la mañana, hinchazón extrema, sueño, cansancio, estreñimiento y diarreas, etc. Sin embargo, no corrí a comprarme un cacharro de esos de los de ver una o dos rayitas rojas porque la probabilidad de semejante situación “embarazosa” era de una entre un millón aproximadamente. Y yo creo que el Espíritu Santo ya tuvo bastante trabajo hace dos mil años, la verdad.

Así que me despreocupé totalmente del asunto, a pesar de que en la agenda tenía apuntado el jueves pasado como día D y salí de compras el viernes y es día por la noche salí a cenar y tomar unas copillas con unos amigos. Y me animé a bailar y todo. Pero ahí ya empezó el problema. Al rato mareos, más mareos, me faltaba el aire...Hasta llegué a preocuparme pensando que el Espíritu Santo sí que podría haber obrado algún milagro conmigo.

Llegué a casa preocupada y todo. Me dormí cansada y ya de madrugada empezó la crisis. Vómitos (y no, no era que me hubiese pasado bebiendo, os lo juro). Más vómitos, dolor horrible, dolor de tripa, de cabeza, de ovarios, de piernas, de estómago, hasta de pestañas...

Y lo peor es que ni aunque hubiese tenido ibuprofeno en supositorios me hubiesen hecho algo porque con la diarrea que tenía era imposible asimilar nada.

Así que me resigné a mi suerte como pude. Lo malo fue tener que cancelar mis salidas del sábado y el domingo estar bajo mínimos. Y lo peor un amigo que venía desde Valencia por temas varios de trabajo y al que iba a conocer en persona...Pero nada. No hubo manera. Había quedado con él al mediodía el sábado a tomar el aperitivo , eran las 11 y yo seguía vomitando cada quince minutos y con espasmos como si fuera a parir un bebé elefante... Atiné a coger el móvil y, desde el baño, donde estuve apalancada la mañana entera, mandarle un sms. Incluso conseguí contestarle al móvil y todo cuando me llamó para ver cómo estaba...

Ahora ya a estas alturas de las semana el maldito tsunami se ha vuelto una corriente mansa y apacible. Incluso diría que sólo han sido un par de días malos, pero claro, las secuelas en mi cara de espinillas no se quitan en dos días, eso es lo peor y me asusta más si cabe que al mes que viene me pille en uno de mis varios viajes de trabajo que me esperan...

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