Misión Imposible

El otro día por la noche, como estaba super molesta de la histeroscopia (ahora os lo cuento), me puse a ver una peli que me puso mi chico: Misión Imposible 1. Me estuve partiendo de risa de las situaciones inverosímiles (agarrarse a un tren con ventosas de esas que apenas levantan una loseta de pladur, hackear un ordenador en segundos, meter un helicóptero en un túnel sin sustentación del aire, etc.)

Pero entonces caí en la cuenta de que mi odisea para ser madre sigue un camino parecido: Misión Imposible. Pero no me rindo. Ya he conseguido que un cirujano acepte el reto. Ahora sí, me costó pasar un mal rato inesperado en la consulta.

Así sin anestesia y sin programarlo, el cirujano me practicó una histeroscopia diagnóstica, para asegurarse de que aquello que hay en mi útero se puede y se debe operar. Me debió ver pinta de kamikaze, si no, no lo entiendo.

Lo único bueno de que te inserten algo más parecido a una varilla de medir el aceite que a algo médico, estocada de 20 cm entre pata y pata, estilo "redesvirgamiento uterino", es que al menos pude ver las imágenes en el monitor.

Aquello era más parecido a las cuevas de Nerja con estalactitas, estalagmitas, oquedades y hasta si me apuráis un murciélago agazapado, que a lo que debe parecer un útero normal, estilo canastilla mullida.

Otro día prometo hacer un ranking de las experiencias más gore tanto ginecológicamente como en general a las que he sido sometida por médicos aparentemente inofensivos... Bueno, lo importante ahora es que el médico ha aceptado el reto y me va a operar, aunque antes tengo que hacerme unos chequeos preoperatorios. Ya sabía yo que esto no iba a ser coser y cantar...

Mientras tanto, estoy de barbecho reproductivo, volcada en mi trabajo, en el examen para la certificación del trabajo, en los preparativos de la boda y, cómo no, en el tema de la dieta y perder kilos de manera más o menos saludable.

El problema de hacer dieta sin ayuda de nadie, es que te planteas el dilema de cómo hacerla, si tomando productos dietéticos, matándote de hambre, haciendo caso a charlatanes como Dukan y compañía o bien de una manera razonable pero muy lenta.

Como hasta primeros de marzo no tengo que ajustarme el vestido de novia, tengo todavía algo así como casi dos meses para perder al menos seis kilos, que es el mínimo que debería perder haciendo una dieta sensata.

Una dieta sensata básicamente es: Comer menos calorías, sobre todo menos grasas y algo menos de hidratos de carbono, y hacer algo más de deporte.

El problema con que me topo es cómo contar cuántas calorías de menos estoy ingiriendo en la práctica, y cuántas estoy gastando.

Para contar las calorías, los médicos y nutricionistas te dan una tabla que suele estar en unidades de 100gr. Ahí empieza el problema, porque salvo que comas todo el día en casa, es imposible calcular pesos y medidas según estas tablas. Además, aunque tuviera la báscula a mano, se tarda más en contar cuántas calorías tiene que dar cuenta de la comida. Y el tiempo es oro, no lo olvidemos. Yo creo que las dietas basadas en tablas y calorías es para marujonas y marujones que no tienen otra cosa que hacer que pesar y darle a la calculadora.

Si para comerme un mísero filete de ternera con ensalada de lechuga, tomate y cebolla aliñada con vinagreta estándar tengo que andar haciendo cálculos mirando el filete por un lado, la lechuga por otro, la cebolla, el tomate y luego los ingredientes de la vinagreta convertirlos de cucharadas a ml y luego de estos por la densidad del aceite, vinagre, etc en gramos, yo la verdad que antes me saco un máster en química que sacar las calorías de lo que estoy comiendo realmente.

Para evitar este mareo, surgió por ahí una dieta llamada “de los puntos” que simplifica la cuestión, pero yo creo que demasiado. Por ejemplo, una manzana: 0 Puntos. ¿Qué pasa, que me puedo comer 100 manzanas al día y eso no engorda? No me convence para nada. Si a eso se le suma que te ponen en un grupo tipo “alcohólicos anónimos” yo paso.

Lo peor ya no son las tablas de calorías. Lo peor son los envases que te ponen toda la composición por 100 gr y sabes hasta cuántos mgr. de potasio, colesterol, glucosa, etc. llevan unas empanadillas, pero ay, se les olvida poner en el envase las calorías que tiene una mísera empanadilla, que digo yo que a ojo se distingue bien una de dos, tres, cuatro, etc. Todos sabemos contar unidades, pero no gramos. Y te obligan a especular, hacer cuentas, etc.

Así pues, me ha tocado sacar todas las galletas de un envase, contarlas, mirar el peso total y hacer una regla de 3 cuando en el puñetero envase podrían decírtelo:
“Querido consumidor: Este paquete de galletas contiene 22 galletas a 50 calorías cada una. Con esta información, calcule usted cuántas  le interesa comer de este envase con su desayuno”.  Fácil, ¿no?
Peor todavía está en contar lo que uno gasta haciendo deporte, ahí os juro que no hay manera humana.

Cuando iba este verano al gimnasio pijo, tenían máquinas que introducías ciertos parámetros, como la edad, el peso y con sólo calcularte los latidos y los pedaleos, velocidad, etc., te sacaban un cálculo de calorías hasta la última unidad.

Desconfío un poco de esto, pero vamos, al menos te da un número que anotar en el cuaderno.
Pero ahora que voy a un gimnasio público, las clases son de 50 minutos y cada día hacemos cosas variadas, me cuesta trabajo contar calorías. No es lo mismo 50 minutos haciendo baile movidito o un circuito de entrenamiento, que haciendo sólo abdominales.

Para esto también hay tablas, no suelen coincidir mucho, pero alguna orientación dan, el problema son las otras actividades que cansan un montó y no se tipifican como deporte, como cuando te tiras una mañana de sábado haciendo las tareas de la casa o yendo a comprar a doscientos metros cargada con un carrito de quince kilos. Llegas a sudar aunque a fuera esté helando.¿Cuánto se gasta haciendo el baño? ¿Y ordenando armarios? ¿O fregando la cocina?

Hay un último problema que es calcular el metabolismo diario en base al basal según la edad y el perfil de actividad.  Las fórmulas son muy enrevesadas, pero al menos sólo se calculan una vez mientras no bajes diez kilos. El mío no es totalmente sedentario, así que me salen unas 1850 calorías.

Si creéis que son muchas calorías, estáis equivocados.  Comiéndote el menú del día de algunos restaurantes superas con mucho estas calorías.  Por ejemplo: Judías estofadas de primero y filete con patatas de segundo, pan (media bagutte), dos copas de vino y un pudding con café de postre. Y sin orujos ni nada, son ya 2.300 calorías por lo bajo.

Eso quiere decir, que o bien los restaurantes y los menús no están hechos más que para levantadores de pesas, o bien que si quieres perder peso, debes  huir del menú del día como de la pólvora, o encontrar un sitio donde puedas pedir algo más ligero, un solo plato, etc.

Yo estoy tirando de tupper o de plato único ligerito. Pero aún así me cuesta mucho perder peso. Ya lo último que estoy haciendo es cenar super ligero, apenas un vaso de leche y dos galletas, y aún con todo esto, llevo diez días a dieta y he perdido un miserable kilito.

Ay, si matarme así de hambre es sano, casi prefiero la dieta Dukan, que por lo menos me hartaba de huevos cocidos y barritas de cangrejo.

¿Dieta mediterránea? Dieta de ayuno místico la llamo más bien. Si se me acaba apareciendo la virgen o algo así, iré corriendo a zamparme alguna figurita de mazapán que tengo por ahí guardadas bajo llave en la cocina.

Otra misión imposible: Perder diez kilos en dos meses sin perder la salud. Uff.







 

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