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Mostrando las entradas etiquetadas como sociedad critica

PUNTO Y SEGUIDO

  Hace una semana poco más o menos sufrí una aparatosa caída. ¿Motivo? La vida loca que llevo de madre superwoman, ni más ni menos. Intentar llegar a todo a la carrera, intentar que mi hija vea que su madre la apoya en todo y la cuida, intentar sacar todo lo urgente e importante del trabajo, el cole, las extraescolares, que si vamos tarde, que si luego toca patinaje… En fin, el resultado fue un buen trastazo, todavía me duele el brazo, tengo un moratón inmenso, una herida que casi me tienen que dar puntos y me cuesta todavía usar el brazo como debiera, aunque por suerte no me lo he roto (o eso creo). Además tengo heridas y golpes por las piernas en cantidad no numerable. Por una caída de este calibre, mi madre a la misma edad que yo acabó en el hospital ingresada y tardó más de un año en recuperarse. Tendré que dar gracias y todo a Dios o a mi dieta, o a mi saber hacer, de tener huesos fuertes y buenos reflejos para caer intentando minimizar daños. Y lo peor de todo es que idiota d...

Requiem

Voy a cumplir cincuenta años dentro de muy poco y debería estar muy contenta, pero no puedo estarlo. Mi padre falleció hace poco más de una semana. Ahora ya soy oficialmente huérfana. Y da igual que tenga edad para peinar canas (no tengo afortunadamente), que me invade esa sensación de abandono, de niña pequeña desvalida y sin norte. Es curioso que hace cinco años, cuando vivían mis padres y cuando aprobé la oposición (cómo pasa el tiempo) me sentía en la cresta de la ola de mi vida, invencible y confiada, feliz. Como los Lobos cuando se llevaron el bote de Boom el otro día, había conseguido lo imposible y estaba eufórica. Estuve todo un verano festejando y entonces poco me acordé de mis padres. Bueno, los visité qué duda cabe, pero me molestó que no compartieran mi euforia. Pensé que jamás me habían comprendido, más aún cuando ninguno vino a mi día de toma de posesión, a diferencia del resto de mis compañeros… Fue un día agridulce. En pleno verano, no vino nadie de mi familia, po...

Halloween de Sangre y Arena

Después de leer la noticia de la tragedia del Madrid Arena, cada vez estoy más segura de que el fin del mundo ha llegado, pero no por un meteorito o un terremoto, ni tan siquiera porque unos hombrecillos verdes malvados vengan de otro planeta a exterminarnos. No hacen falta fenómenos naturales o alienígenas para que la especie humana se extinga, basta tan sólo con la unión de la codicia extrema (los ricos, poderosos, los de siempre) con la torpeza, la falta de sentido de común o la ingenuidad extrema de la clase borrega del mundo. En la noticia del miércoles te das cuenta de que ese concierto reunía todos los ingredientes para acabar así: Organizadores sin escrúpulos, corrupción política, recortes en medidas de seguridad porque por desgracia, la seguridad sólo es un gasto a los ojos avariciosos de los poderosos y cuando ocurren estos incidentes, al despreciar totalmente la vida humana, con pagar la indemnización a kilo de persona muerta, como en el caso Spanair, lo tienen todo resuelt...