INNER POISE (CALMA Y ELEGANCIA INTERIOR)
Hay un momento de la madurez en el que una piensa ingenuamente que las citas van a ser más sencillas. Que a partir de cierta edad la gente viene leída, con el ego masticado y la terapia al día. Qué ilusa. Este fin de semana he vuelto a comprobar que la fauna del mercado de solteros no envejece como el buen vino, sino más bien como la leche olvidada en el coche en pleno agosto. Os pongo en contexto. Topas con un tipo de 50 años que, al principio, parece un ser humano normal, no es Brad Pitt pero al menos tiene pelo y dientes, vamos bien. Quedáis, la cosa va bien al principio pero algo chirría, sobre todo cuando al día siguiente tras la resaca, ves la foto de los dos juntos y te das cuenta de que no, ahí no es, algo no encaja y no es que el chico bizquee un poco, es que recuerdas cosas que te fue contando y no diste importancia porque estabas de cañas y de fiesta. Pequeños detalles que te recuerdan con un escalofrío, como empezó tu relación con O, con X, con Y, con S... Así que...