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Larga sequía postdivorcio

 Hace mucho que no escribo, lo sé y os pido disculpas. Ya no sé siquiera si me sigue o me recuerda alguien. Escribo más que nada por desahogarme un poco, la verdad, porque no creo que consiga así el próximo premio Planeta, quién sabe. A primeros de año os decía que estaba pensando en hacer el doctorado y me había propuesto también firmemente progresar profesionalmente. Pero el divorcio súbito y contencioso (todavía estoy a la espera de la sentencia y me temo que el proceso en total llevará más de un año y ya llevo como diez meses), ha hecho que tenga que aparcar espero que no definitivamente pero sí temporalmente mi sueño de hacer el doctorado y dedicarme a la investigación si no a tiempo completo, al menos con bastante asiduidad. Los ajustes logístico-económicos que he tenido que hacer  ya que un divorcio contencioso es caro (me tenía que haber hecho abogada, notaria o procuradora) pero aún más caro será como me temo el tener que mantener yo sola a mi hija, y no digo en cuanto a cuida

Divorcio contencioso

Decía en el anterior post que el año había empezado con mal pie y que las desgracias, lejos de acabarse con el 2020, parecían que este año iban a empeorar. A título mundial o nacional, no llevamos ni tres meses de año y, bueno, una explosión de gas en Madrid, una cadena de terremotos en Granada, la tercera ola COVID, la cuarta ola, un volcán por ahí… En fin, nada más espantoso de lo ya espantoso de la nueva realidad. Ahora voy a contar más mi hecatombe personal, porque para mí este año está siendo una auténtica catarsis a todos los niveles y ya sabéis que yo suelo esperar a contar las cosas para no hablar en caliente, pero cuando lo suelto, lo suelto todo de golpe. Desde finales de diciembre he estado en una cadena de sinvivires in crescendo: Primero la familia de mi marido se contagia de COVID, os podéis imaginar el problemón entre infectados y aislados. Por suerte no hubo que lamentar desgracias. El balance se saldó con 4 contagiados, dos leves y dos como yo (lo pasé hace justo

Desastres posibles para el 2021

  Estamos a mediados de enero y, ¿quién decía que el 2021 no podía ser peor que el 2020? Estábamos todavía comentando el horroroso edredón y mantel con que nos amenizó las uvas la Pedroche y digiriendo las “delicias” del consumado Brexit, el día de Reyes cenamos con la noticia de un asalto al Capitolio yanqui de unos tipos vestidos de orcos y vikingos. Esto, pero… Dramático e indignante es ya de por sí el asalto a un parlamento, pero… ¿Hacía falta ir disfrazados como Atila u Orzowei? Si no fuera por las víctimas sería más cómico y surrealista que dramático. Pero no terminamos de acabarnos el roscón duro que nos ha sobrado de ese mismo día que hete aquí que viene una borrasca de nieve (el nombre debería ser Elsa en vez de Filomena) que parece sacada de la película “El día de mañana” o mismamente “Frozen”. Aquí estamos a jueves y no damos abasto sacando nieve del carril del garaje, ya ni hablar de la acera, que durará helada hasta mayo.   Más de 100 años desde un evento similar, igua

¿Año maldito?

 Se acabó el 2020. Todo el mundo celebraba el otro día que se acababa el año maldito. Como si girar de nuevo alrededor del Sol de la misma forma fuese a ahuyentar a los virus y, lo que es peor, a los buitres que se aprovechan de la pandemia. Esto me recuerda una escena de una película de Supermán (atención Spoiler), en la que Loise Lane (la novia platónica) muere y Superman gira en sentido contrario a la rotación de la Tierra et voilá, revierte el tiempo y llega a tiempo de salvarla. Una estupidez mayúscula, pero bueno, si alguien cree que se puede ser un superhéroe embutido en un traje más propio de una despedida de soltera, ya cualquier cosa es tragable y creíble... El caso, volviendo a la maldición del 2020, es que la gente piensa que el año pasado ha estado maldito y que comiendo las doce uvas se espanta ya la maldición. Pues no, os voy a chafar el sortilegio: El año pasado hemos sido víctimas de una pandemia o de una plandemia, según opinemos que ha sido casualidad o que ha habido

Espejismo de normalidad

Comenzaré con un chiste de Eugenio el chiste es algo así cómo… “¿Saben aquel que diu que va un fulano al médico y le pregunta doctor qué tengo que me encuentro tan mal?… Y el galeno le responde: Es un cáncer de páncreas terminal, le quedan tres meses de vida.   Y el hombre aterrorizado le dice llorando, pero doctor… ¿No hay nada que pueda hacer para ganar más tiempo de vida? Y le responde: Bueno, deje de beber, de tomar el aperitivo, de fumar, de tener relaciones, de salir con los amigos, de comer dulces, salados, grasas… Y nada de trabajar, ni de estudiar ni de de ver la tele incluso, ah y nada de deporte, ni playa ni pasear, ni compras, o sea nada de nada, sólo puede estar tumbado viendo telediarios o haciendo crucigramas… Y el hombre todo lloroso dice… ¿Pero con todo eso viviré más entonces? El médico responde: No, pero se le van a hacer los tres meses que le quedan como siglos… Pues eso es lo que se me asemeja la “Nueva Normalidad” que nos han aconsejado.   Siento muchísim

Confinada y muy cansada

Dos meses y pico después y mis pronósticos se hicieron ciertos. El virus de moda nos ha traído muertos pero sobre todo, el que los gobiernos se atribuyan el derecho de encerrarnos y de acallarnos, modelo Orwelliano, como ya me temía con previo deterioro de la economía para que vivamos a base de “migajas”. Llevo casi mes y medio metida en un zulo (sótano con poca luz y pequeño), salvo alguna vez esporádica para hacer la compra en el súper o ir al médico (porque me contagié). No tengo perro ni ganas de ir a tirar todo el día la basura sin necesidad. También al ser madre me toca quedarme en casa con la peque e intentando teletrabajar. Utopía esto de concentrarse en el trabajo con una niña de tres años literalmente enjaulada y alrededor tuyo, pegándome balonazos en el respaldo de la silla y chillando como loca para que le hagas caso. A ver, el virus, como me temía, no era una gripe. Lo he pasado (creo, porque a mí como por suerte no me tuvieron que ingresar en un hospital, ni una

El año de la Rata

Este nuevo año chino es el de la Rata, aunque estoy tentada de hacer un chiste morboso, porque la Rata parece que ha traído la peste del coronavirus ese. No quiero hacer demagogia con un asunto tan serio, pero si las noticias que dan de China son ciertas, el virus ese es más contagioso que la gripe, pero no más mortal, aunque la gente lo que teme es que se estén callando lo mortal que puede llegar a ser y ahí comienza la alarma en la redes… Cada cierto tiempo aparece la amenaza de un apocalipsis zombie, debe ser que la del cambio climático no es lo suficientemente gore por más que dentro de nada la costa mediterránea en vez de lindas playas esté plagada de cenagales de Shrek. Personalmente tras pasar la gripe A, la B, y todos los tipos de gripes, virus y bacterias y estar a punto de ser traqueotomizada hace más de diez años por una traqueítis aguda, creo que empiezo a ser escéptica con los virus de moda. Cortina de humo para distraernos de las mamonadas de los políticos y para