Cuatro años de "Libertad": Un inventario de daños y seres extraños
Han pasado cuatro años desde que salió la sentencia de divorcio. Parece que fue ayer.
Si me preguntáis cómo estoy, os
diré que mi espalda tiene ya la curvatura de dormir en sofá, porque llevo
durmiendo así seis años, (cuatro de soltera y dos conviviendo con "el
enemigo" al más puro estilo Julia Roberts, pero sin el presupuesto de
Hollywood). Mi columna ya no es un eje, es una obra de arte abstracto.
En solo 48 meses, mi hija ha
pasado de ser un querubín con coletitas y flequillo trasquilado a una especie
de Gremlin casi adolescente. Ha desarrollado una sordera total selectiva
(a mi voz) y una habilidad sobrehumana
para juzgarme con un solo arqueo de ceja, o decirme que estoy out, 6 7. No le
deis de comer después de medianoche. Si le quitas el móvil te asesina. Ha
puesto un cartel en la puerta de su cuarto: No molestar. Para entrar, introduce
la contraseña. Dice que quiere ser youtuber o actriz. Yo creo que va para
friki-geek como yo. Eso no sé si me da orgullo o pavor. Quién sabe.
Tema hombres no va bien, ya los
fines de semana me va a apeteciendo más quedarme en casa con una botella de Puerto
de Indias y medio litro de helado con algo en Netflix que salir a ver desfilar
el Imserso por los garitos de singles. El Imserso o estos especímenes truhanes que ahora detallo.
Si el divorcio fue la salida de la cárcel, el mercado de citas es el patio de
un manicomio o de un geriátrico:
- El Ex-Marido (Litigator Toxicus): Su
nuevo hobby es la violencia procesal. Me pone juicios como quien
colecciona cromos, intentando asfixiarme cada vez que no quiere pagar la
pensión o cuando el universo no gira según sus leyes. Pero siempre pierde.
Yo me lo haría mirar, en serio.
- El Escolta Silencioso (Species: Gimnasio-Cripticus):
Un ejemplar guapísimo, con el cuerpo esculpido en el gimnasio y el
misterio de proteger a un famoso (que todos sospechamos quién es, pero él
calla como si guardara los códigos nucleares). Todo muy rockero hasta que
la vida se puso fea: atropellaron a mi hermana y yo caí enferma. Ahí su
"trabajo" se volvió tan absorbente que solo me hacía visitas de
médico para decirme que "mejor me buscara a otro". El Zasca:
Le hice caso. Aparecí en nuestro garito de siempre con un ligue de un speed
dating y, cuando el Escolta me soltó con todo su cuajo: "Veo
que ya estás recuperada y no has perdido el tiempo", le devolví
el dardo: "Y yo veo que tu trabajo no te tiene tan liado como
cuando salías conmigo". Game over.
- Mister K (El "Fijo Discontinuo"):
Treinta años conociéndolo y no conozco ni a su familia ni a ningún amigo
que no sea común. Según él está divorciado, pero con ese ritmo de vernos
cuatro veces al año, lo mismo tiene un harén en Albacete o es un holograma
programado. Yo le voy siguiendo la corriente pero no pico más, no: a mi casa no lo subo ni para que me monte una estantería.
- El Especímen 9 (Lázaro, el de las nieves):
El que me hizo ghosting un año porque no pude irme a esquiar en
Navidades con él (tengo una hija, no una maleta) y volvió con la excusa de
una "baja por depresión". Ni un coma, ni estamparse contra un
pino y romperse veinte huesos, no, ni siquiera un traumatismo craneoencefálico con amnesia retrógrada. Sinceramente yo le creí muerto. Obviamente al ver su modus operandi de caradura profesional, yo le hice
contraghosting.
Veredicto Final
Tengo el hígado graso, piedras en
la vesícula, kilos de más, artrosis lumbar y aunque me cambie de trabajo, no sé
si debo ser tonta pero siempre me cae trabajo, trabajo y más trabajo y jefes
que lo quieren todo para ayer.
Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte; yo digo que simplemente te afila la lengua y te da un material increíble para el blog. Si el quinto año viene con más demandas, más tontadas de mi ex marido o más pretendientes majaderos, que se preparen: mi paciencia está bajo mínimos, pero mi puntería está mejor que nunca: Tengo una katana en casa, ahí lo dejo caer. Mi peli favorita es Kill Bill. Y tengo un chándal amarillo.
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