EFEMÉRIDES DE MI CUMPLEAÑOS
Hoy es mi cumpleaños, ya sabéis,
taitantos más uno como siempre desde hace veinte años que es lo que va a
cumplir este blog dentro de un par de meses.
Estoy sola en casa, tendría que
haber salido por un compromiso profesional y pensaba hacer hoy varios recados.
Pero un resfriado de esos tontos a traición me
acaba de secuestrar. Normal porque llevo ya meses de cráneo. Primero el
campamento de la peque fuera, luego la comunión, después los follones de fin de
curso, al poco el fallecimiento de mi querido S, luego la agitación laboral con
la marcha del director, el ajetreo de intentar conciliar en verano, maratones
piscineros, una tromba de agua que me pilló por medio y finalmente cuando la
peque se va con el padre, a los dos días lo ingresan en el hospital y lo operan
de urgencias… No he parado ni un solo segundo en este último mes, pero una cosa
brutal que si lo escribo lo raro es que esté en pie. Ayer llegué a casa agotada
y con fiebre y aunque podría haber echado una mano a O con la peque porque
todavía está convaleciente, le tuve que decir que no, porque ya no era persona
humana.
Ya a mi edad hay que empezar a
cuidarse, por eso he cambiado mi agenda para quedarme todo el día en casa
teletrabajando y vagueando un poco el resto de la tarde. Me horripila no hacer
mil cosas pero creo que tengo que escuchar un poco a mi cuerpo que está
gritando ya que hay que parar un poco. Mañana ya estoy haciendo planes para salir
de fiesta con mis amigas, pero hoy es sagrado, incluso he teletrabajado y todo.
Aprovecho este tiempo libre para
hacer una especie de biografía, pero limitándome a los cumpleaños solamente.
Recuerdo una película brasileña muy buena, se llama “La Nochebuena es mi
condena”, en la que el protagonista sólo vive las nochebuenas desde los
veinticinco. Se despierta y ha pasado un año, aunque por medio ha vivido y
hecho cosas, pero no las recuerda. Es muy buena. Bueno, pues hoy yo sólo voy a
escribir sobre las efemérides de los días de mis cumpleaños pasados sin hacer
más comentarios extensos sobre mi vida.
Cuando cumplí 4 años, mi padre me
regaló un piano de juguete. Ese día hacía un frío horroroso, la temperatura según
he consultado era de 22º, normal que no saliera, pero estaba entretenida. Lo
curioso es que al principio me daba por tocar las negras y no las blancas,
porque los sonidos de los bemoles me llamaban mucho la atención. El piano
siempre me atrajo y es una asignatura pendiente, lo dejé a los dieciocho,
porque la universidad era cara y exigía tiempo.
Con 5 años me regalaron un juego
de vestidos de esos tipo Lacoste, que rápidamente heredó mi hermana mediana porque
me concentré en crecer rápido para que no me los pusieran más, y eso que los
recuerdo perfectamente, en azul con ribetes amarillos y amarillo con ribetes
azules. Definitivamente vestir pija no ha sido mi estilo.
Con 7 años también hizo fresquito
y mis tíos me regalaron un conjunto de polo y falda vomitivo. Y los collares a
juego ya para tirarlos a la basura, pero puse buena cara en eso, claro que al
final me pudo la lengua y recuerdo que mi
madre me acabó arreando porque como no tenía filtro ni tacto le acabé chivando
a mi tía que estaban un poco molestos porque estaban todo el día metidos en
casa… La verdad es que siempre he sido muy bocazas. Ahora que lo pienso esa
ropa no era tan fea. Pobre tíos, ya fallecieron los dos, ahora que lo pienso me
da ternura esa escena.
Otro año la que la lió parda fue
otra de mis tías, que se peleó con su cuñada (la del mal gusto con la ropa) y
acabaron tirando la bandeja de medianoches, a tomar por saco la celebración.
Una pena, mi tía era muy
explosiva pero cocinaba de lujo y traía una tartas de café moka buenísimas,
todavía puedo paladear esa textura buttercream...
Se daba la circunstancia de que
yo compartía cumpleaños con uno de mis primos y como vivíamos en la misma
localidad, celebrábamos juntos los cumpleaños, en casa de mi tía M porque a
ella le encantaba cocinar y era buena anfitriona, salvo ese día claro.
Mis diez años los recuerdo porque
había pasado una gastroenteritis brutal que casi me lleva a la tumba y casi beso
la hoja del calendario del día de mi cumpleaños porque dos noches antes vi a la
de la Guadaña apostada en el baño a mi vera mientras moría en retortijones a
solas. Para celebrarlo mi madre me dio un vaso enorme de sangría, que ella
llamaba limonada (eufemismo porque tenía más vino que refresco de limón). No recuerdo
mucho más salvo que experimenté una especie de Nirvana al cuarto vaso…
Al cumplir los trece recuerdo que
mi tía abuela Soco me regaló unas pulseras de esas que vienen en grupo y unos
pendientes de perla, que por fin me decidí a cambiar (mi hija es un poco como
yo, lleva los mismos pendientes desde que se los regalé). Entonces no sé por
qué pensaba que estaba gorda y hace unos años vi una foto y estaba como un
junquillo, pesaba 45 kilos o cosa así, madre mía ni digo lo que peso ahora…
Luego ya la cosa se torció un
poco. Mis padres estaban muy mal de dinero y finalmente nos echaron de nuevo de
la casa en la que vivíamos, con lo que tuvimos que emigrar temporalmente a
Cádiz, allí cumplí mis quince.
Era un lunes y la cosa no hubiera estado mal (playa
y tarta), si no fuera porque yo me sentía como en el exilio, sin mis amigos ni
nadie con quien compartir mis inquietudes. No me sentía a gusto con mi familia
y por eso ese cumpleaños pasó sin pena ni gloria. A mí la adolescencia me dio
por ser muy rara, muy introvertida, muy gótica. Sólo me juntaba con gente como
yo, normal que estando fuera de mi entorno me sintiera tan triste.
Los dieciséis los pasé con una
herida tremenda en el pie, me había cortado con un casco de botella en la
piscina. Desde entonces jamás de los jamases se me ha ocurrido andar por ahí
descalza.
Mis dieciocho los pasé trabajando
pero también de ocio, una cosa muy rara. Daba clases particulares a muchos niños,
en particular a la hija de la frutera que era casi de mi edad, una chica muy
extrovertida totalmente nula en matemáticas, totalmente opuesta a mí, que me animó por la
tarde a irnos a la piscina de su urbanización y bueno, me relajé un poco.
Además había conseguido ahorrar dinero para empezar al menos la universidad,
Ese año había estado trabajando como china de arrozal, de modo que llevo ya
cincuenta años en esa dinámica, lo que ya me lleva a pensar en que debo echar
el freno.
En mis veinte estaba bastante
depre y me juré hacer un viaje largo antes de que cumpliese los veintiuno y la
verdad es que me fui al extranjero, y se me curó la depre.
En mis veintiunos monté un picnic
que tuvo bastante éxito, mezclé a mis cuatro pandillas de entonces y algún
añadido (instituto, universidad, barrio antiguo y barrio nuevo, un ligue tenía
por ahí y otro que ya no lo era) y no se mataron, no nos detuvo la policía y a
pesar de estar un poco borrachos me trajeron en coche a casa y llegamos vivos, creo
que perdí un zapato, como Cenicienta, pero eso son sólo anécdotas.
Mis veintidós los celebré ya sólo
con la gente de la universidad, porque definitivamente las pandillas de barrios
habían quedado atrás. Los celebré en un pub por Moncloa que se llamaba Lacama,
así todo junto. Entonces me gustaba el DJ, pero era yo un poco mayor para él…
(Cuatro años, pero entonces eso era un abismo).
Mis veintitrés los celebré
trabajando, entonces estaba en una academia que me tenía explotada, pero
necesitaba dinero. No recuerdo mucho más. Fue una época dura, trabajando y
estudiando.
Mis veinticuatro años los pasé
mal, haciendo algo muy extraño. Por un lado seguía deprimida por haber dejado
que A volviera a Turquía pero por otra parte las hormonas burbujeantes, el
alcohol y la presión de mis amigas me arrojaron a los brazos de un chico muy
mono pero idiota perdido. Anduve de idas y venidas con él todo el verano y al
empezar el curso rompimos. Al poco conocí a X, que no sé qué es peor porque me
duró varios años que considero totalmente inútiles. Casi que me tenía que haber
ido ese cumple a un convento tibetano.
Mis veintiséis años los pasé en
el pueblo de una amiga, cerca de donde es Pedro Porro y me enrollé con un tipo
sanote, para olvidar a X. Se apodaba Serrato o algo así y parecía un tío sano, le vomité el chocolate que me trajo y no se
inmutó. Un tío así era el marido ideal pero como yo era mema volví con X.
Mis veintiocho recuerdo que los
pasé trabajando de profesora, de ahí conozco a Mr.K. Ese día llovió y llevé unos
pastelitos. Acabamos tomando algo al salir, poco más, entonces trabajaba mucho,
igual con mis veintinueve que trabajaba en una charcutera de software. Ahí ese
día me dieron las mil.
Mis treinta fueron famosos porque
cayó una tromba de agua brutal y porque hubo un accidente gordo en la
autopista. Por la tarde salí con X, fue de las últimas veces que salí con él, lo
dejé al poco, fue agridulce vaya.
Siguiente recuerdo fue cuando
cumplí treinta y dos, me mudé de casa y tuve de nuevo crisis existencial por
tema laboral y emocional, había dejado a X pero no paraba de encadenar idiotas
en mi vida. Igual es que bebía mucho quizás.
Sin embargo las fiestas que
organizaba eran brutales. Tenía un precioso ático vintage y llegaba a juntar
casi cien personas. Raro es que no se viniera abajo el edificio.
Los treinta y cuatro fueron ideales.
Ese día me dieron las llaves de mi casa y por la tarde se me declaró el chico
que me gustaba, una tarde preciosa en el Retiro con un ramo de rosas, aunque yo
creo eran robadas o de oferta, porque eran amarillas, pero da igual. Ese fue Z,
estuvo el otro día en el entierro de S.
Hubo sin embargo algunos cumpleaños
duros o pesados.
Un año, el que cumplí los treinta
y ocho, tuve que ir por la mañana temprano al juzgado a declarar por el asunto
del motín del Metro de Madrid de unos meses antes. Me tuvieron media mañana
liada y agobiada, mi novio (el tal Z) llegó tarde y no pude estar con él, me
enfadé mucho, era horrible lo impuntual y falluto que era Z, lo de no querer
tener hijos fue la guinda pero lo que realmente me molestaba de él es que no
podías contar para nada, fallaba siempre. Fui a trabajar luego y me dieron las
mil, creo que eran las 23h o así cuando regresé a casa, sólo quería meterme en
la cama.
Los cuarenta los cumplí con S a
mi lado, fue todo muy bonito, me regaló un reloj precioso. Lo malo es que dos
años después la cosa se torció y acabamos rompiendo justo por nuestro
cumpleaños (cumplíamos los años el mismo día). Aparecí pronto en casa y cricrí,
la casa vacía. Estaba con otra, exactamente con una botella de JB en el bar de
al lado (no fue difícil localizarle).
Luego ya tengo pocos recuerdos,
el trabajo y la edad no perdona mucho, recuerdo mis cuarenta y siete embarazada
en el mercado de Moncloa tomando algo con mis amigos nuevos y antiguos, el
vestido ya cubría poco el bombo pero aún así pesaba menos que ahora, jolín lo gorda
que me he puesto y ya. Ese cumpleaños no estaba mi madre ya, fue triste. Y en
mis cincuenta ya que el no estuvo fue mi padre que acababa de fallecer.
Recuerdo con tristeza mis cincuenta que me animaron a celebrarlo mis amigos y
me trajeron hasta una tarta Bitcoin muy
peculiar. Lo malo es que estábamos en casa de O mucha gente y encima la
asistenta se trato al novio y al perro y no sé quien meaba más por las esquinas
si el perro o mi hija que entonces tenía dos años y pico y andaba aprendiendo a
hacer pipí en orinal. Al final me acabé fugando un rato a tomar el aire con un
amigo que vino, muy idiota recuerdo, pero entonces me salvó de mi propio
cumpleaños. Al día siguiente tenía resaca fijo, y dijo esto porque me fui de
viaje con mi hermana V y luego siempre he creído que me había ido con mi otra
hermana N. No sé lo que tenía la hierba que me dio a fumar ese chico la verdad.
Y luego ya no recuerdo mucho más.
Vino la pandemia, vino el divorcio, vino el cambio de casa y ya recuerdo algo hace cuatro
años, que celebré mi cumpleaños en mi nueva vieja casa con amigos, en plan
picnic. Hacía mucho calor y acabamos pronto.
El siguiente año pasé mi
cumpleaños en Madrid con amigos, entre ellos el que falleció y luego al día siguiente
yo sola a Benidorm.
Y ya el año pasado trabajando y luego
cervecita con una amiga. Poca cosa.
Este es el primer cumpleaños que
paso yo sola solita en casita.
Y ni tan mal la verdad.
Hablaba hace un mes y pico con un
conocido muy majo (le diría de salir en plan pareja si no fuera porque pesa
como 60k de más y lo peor, está muy polarizado políticamente), pero es muy
inteligente y divertido. Hablábamos de qué es tener éxito en la vida. Yo dije
rotundamente: Estar viva. Igual a los ocho años no hay que esforzarse mucho
pero ojo, a los ochenta sí. Y a mí edad ya estoy viendo que va cascando gente o
si no casca, está cascada que es peor. ¿Objetivo para el próximo año biológico?
Cuidarme y perdonarme el no ser la Superwoman. Sobre todo esto último. Por eso
hoy me quedo en casa solita y más a gusto que un arbusto. Igual a la noche si
no tengo fiebre me abro una cervecita rica, una Alhambra Reserva. A mi edad vas
haciendo lista de los placeres de la vida y es algo así como:
Sexo. Un follón. Si es con un
desconocido te pueden violar, robar y descuartizar y no por este orden. Si es
con un conocido es una complicación. Generas falsas expectativas y pierdes al
amigo fijo. Adiós a las cervezas y confidencias. Y todo a lo mejor por un mal polvo.
No, mejor que no. Así que me he vuelto demisexual. ¿Qué carajo sígnica eso?
Pues que sólo me voy a pulir a alguien que realmente apueste por mí como
pareja. Hasta ahora no he emitido ni el boleto para que apuesten. Me da pereza.
Bailar y la fiesta? Pues cada vez
están peor los sitios. Si está bien la música, como el garito del otro día,
para boomers, entonces el público parece sacado de un geriátrico, la cerveza
parece pis y hace un calor de muerte, lo peor encima es que todos los pesados
se pegan como moscas porque pareces la yogurina. El otro día me estaba dando
mal rollo uno que tiene como Parkinson arrimándoseme con una copa de vino
tinto, ya me imaginé mi precioso vestido sumergido en litros de KH-7. Si la
gente parece maja y la cerveza está fresquita (evento para millennials en los
que me cuelo), te ponen a un DJ que pasa música de ascensor, y las chicas son
todas tan guapas nivel prefabricado que no ligo ni un resfriado. Y no hay para
sentarse, acabas con juanetes como huevos de paloma.
Al final acabo llegando a casa,
abriéndome mi cervecita fresquita y poniéndome algo de musiquita de mi minicadena.
Así normal que no ligue, si encima que no tengo Tinder…
Sólo me queda como placeres de la
vida quedar con amigos y tomar algo en una terracita, y con el rollo de los QR
y las reservas cada vez se está poniendo más difícil todo. Al final hay que quedar
en barrios que todavía se resistente a esas pijerías. El otro día por ejemplo
estuve por la lonja de Moratalaz. Lo malo que los garitos de barrio ya van quedando
pocos.
Estoy retomando el gusto por la
piscina, otros años y con los trastornos menopáusicos no me podía bañar a gusto,
todo el rato temía acabando hacer té en el agua, pero este año ya con la
menopausia totalmente confirmada, ya me puedo bañar una horita sin problemas.
Y poco más, quiero hacer deporte,
perder kilos, conservar a los amigos, que mi hija no se me vuelva más tonta con
la adolescencia y ya. Y la paz mundial, como las misses acaban siempre.
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