MUNDOS PARALELOS EN MEMORIA DE MI QUERIDO S.
Mi ex novio y actual amigo S. falleció la semana pasada de forma repentina de un parraque. Y digo parraque porque creo que fue la combinación de una mala salud, secuelas de un accidente de hace años, un mal control sanitario, una madre de 93 años que está para que la cuiden y una hermana idem que la madre. Al final todo se confabuló y el otro día mi pobre S se fue al otro barrio.
Me enteré de sopetón y en mitad de una conexión de Teams del trabajo. Tuve que quitar la cámara y el sonido. Mis colegas pensaron que me habían raptado, y algo así me pasó. Me raptó una sensación de dolor que me corría por todo el cuerpo. S. está muerto. Mira que era uno de mis temores cuando lo veía renqueante aparecer a nuestros cafetitos o quedadas con amigos comunes. Pero jolín, que sólo tiene justos y exactos (exactos porque nuestros cumpleaños son... Mierda, eran, el mismo día).
Quiero pensar que hay infinitos mundos paralelos y en uno de ellos S está vivo ahora con todos esperando a celebrar un nuevo cumpleaños, con las piernas, el cuerpo y la mente sanos. Incluso pudo haber un mundo paralelo en el que S y yo fuimos felices y tuvimos hijos, Nekane hubiera sido nuestra hija que no nació y Yago nuestro hijo. Ahora queda un perrito que espero puedan cuidar. Le he dicho a mi hija que si hay dudas de si pueden cuidarle, aunque no estoy por la labor de complicarme la vida más de la que tengo, me haría cargo de Yago.
Recuerdo cuando me pidió matrimonio de forma exótica comiendo en Cáceres en el Palacio de los Golfines, un antiguo castillo. No nos casamos, si leéis mis post, me puso los cuernos con una botella de whisky, y no de Chivas, sino del bar más infecto del barrio, el día de mi/nuestro cumpleaños, en el que iba a darle una sorpresa volviendo pronto del trabajo... Fue en el año 2011, aquello fue el fin de nuestros dos años de relación. Después... Después quedó una amistad amarga. No quise dejar de saber de él, aunque en mi interior ya sabía que aquello le mataría... Un par de años después, cuando yo ya me había casado con O. un accidente le dejó hecho un guiñapo. Creo que dejó de beber, pero claro, él ya no era el mismo. Vivimos años cerca, a un par de kilómetros de distancia y nos tomábamos refrescos por la Prospe, hasta que yo me mudé a mi casa de soltera cuando me divorcié. Ahí perdimos mucho contacto. Hacía más de seis meses que no nos veíamos ni casi hablábamos cuando pasó la tragedia.
Aparte obviamente de este drama, he estado meditando el poco tiempo que le dedicamos a los amigos. La vida es como una riada que te hace llevar rutinas en las que no hay cabida para escuchar amigos, ni una cerveza ni un café ni un abrazo, ni siquiera a menudo una llamada de teléfono y a veces ni un triste whatsapp.
Claro, piensas que si pierdes 6 minutos a la semana hablando con tus 200 allegados entre amigos y parientes tendrías que ocupar 1200 minutos a la semana, lo que hacen 20 horas. Tendríamos que dedicar enteros el sábado y el domingo a hablar con ellos. Es brutal pero es así.
Pero bueno, en vez de 6 minutos a la semana pongamos 6 minutos cada cuatro semanas. 5 horas en fin de semana. En vez de eso gastamos (no yo, ojalá, estoy liada bien con el trabajo y la peque) pero jolín mucha gente gasta 5 horas en verse tres pelis o un maratón de series en Netflix. ¿por qué no un maratón de hablar con amigos antes de que la Guadaña nos lo arrebaten? Y por qué no me dan el día cuando fallece alguien que casi pudo ser mi marido, que hasta anillo suyo tenía? Soy casi viuda, pero tuve que mendigar a mi jefa (y menos mal que fue comprensible) un par de horas el viernes para poder ir al entierro.
Y el resto del tiempo tragándome las lágrimas mientras atendía reuniones, incidencias... No es justo. No es justo que sólo den días de permiso cuando fallece un familiar y encima de primer o segundo grado, y resulta que ni un tío ni un primo entran en esa calificación. El año pasado me tuve que pedir de mis días permiso para ir al entierro de mi tía. No es justo que un allegado no tenga siquiera ni un triste permiso para que sus amigos le den el último adiós. Ahí estábamos sólo cinco amigos que éramos los privilegiados con jefes comprensivos. El resto se quedaron sin darle un adiós.
Tengo menos de sesenta años y ya he perdido una amiga de dieciocho años de leucemia, un amigo con cuarenta y nueve que falleció de otro parraque solito en su casa y ahora esto.
Hay que vivir cada día cómo si fuera el último porque alguno lo será de verdad. El próximo post prometo escribir algo divertido. Hoy permitidme desahogarme un poco.
Comentarios