VERANO MOVIDITO
Pues ya estoy de vacaciones, y en
unos días si Dios quiere me voy a la playa con mi hija. La tengo atareada
haciendo la maleta, desde el lunes… Pero mira, así hace algo diferente a
pegarse al YouTube o discutir conmigo.
Ya tenía ganas de desconectar, se
me ha hecho de largo que no os podéis ni imaginar.
Esto de irme a la playa a finales
de agosto es todo un riesgo, porque el tiempo empieza a flojear, pero es lo que
hay, además a dónde me voy siempre hay algo que hacer aunque llueva, que espero
que no. Para mí contenta porque hay un bar abajo del apartamento y para la niña
contenta porque tiene bazares para aburrir y WIFI. Y se pueden visitar muchos
sitios, así que si algún día llueve nos apañamos.
Da un poquito de penita que una
persona de clase media como yo sólo se pueda permitir ir una semana de veraneo.
Pero cuando digo permitir es tanto por el dinero como por las circunstancias
(trabajo, días que me tocan con la peque, disponibilidad del sitio al que me voy,
etc.).
Los veranos de la sociedad 4.0
nada tienen que ver con los de hace cincuenta años, a lo “Verano Azul”.
La verdad es que hace cincuenta
años sólo la clase media alta se podía permitir un mes de vacaciones en la playa.
Pero aún así, había familias que pillaban el 1 de julio el SEAT 131 Supermirafiori, cargaba el coche
hasta las trancas con baca de esa de railes atornillados, las maletas, la
sombrilla, cinco niños, la abuela, el gato, la guía Campsa y se tiraba fuera de
la civilización desde hasta el 31 de agosto. Normalmente se tiraban mes y medio en el
pueblo, calcado del Sagrillas de “Cuéntame”.
Los afortunados lo completaban con un par de semanitas en Almería o Torrevieja.
Los niños perdían el contacto con
la civilización, se ponían morenos del tono "cola cao" y los padres ejercían de Rodríguez yendo y
viniendo los fines de semana de julio a verlos mientras entre diario fantaseaban
con ligarse a la vecina soltera de arriba que se parecía más a Gracita Morales
que a Marylin.
En la actualidad, veranear todos
juntos al mismo tiempo es un lujo asiático reservado para directivos del IBEX
35. El plan familiar real consiste en una macrooperación de ingeniería militar:
hacer malabares con los turnos de vacaciones en la ofi, tirar de los abuelos (si
aún tienen salud y paciencia para aguantar nietos a 40 grados), intercalar
campamentos urbanos municipales donde los críos hacen manualidades con rollos
de papel higiénico, y rezar a todos los santos para conseguir una única y
milagrosa semana de apartamento en la playa que cuesta más caro que dos meses
de veraneo en los años 80.
Si decides quedarte trabajando y
ya veranearás en otoño (si es que no tienes hijos y puedes permitirte hacer
vacaciones cuando los niños están en pleno retorno), Madrid en julio y agosto
se convierte en una especie de sartén gigante donde los 45 grados a la sombra
se quedan cortos porque el asfalto absorbe el calor como un acumulador de
energía nuclear, combinándose alegremente con la calima del Sáhara para que respires
polvo del desierto directo a los bronquios.
Y dices… Bueno no hay mucha gente
ni tráfico… Claro, pero tampoco hay transporte. Da igual los meses que pasen;
la Comunidad o el Ayuntamiento deciden que el mes en el que la ciudad agoniza
de calor es el momento idóneo para levantar medio kilómetro de vía o cortar la
línea de metro que justo te deja en la puerta de la oficina.
Por no hablar de las frecuencias
en verano… El autobús pasa cada 35 minutos porque los conductores (que son
humanos y tienen derecho a irse a la playa, faltaría más, aunque la empresa
prefiera no contratar relevos para ahorrarse cuatro duros) brillan por su
ausencia. Te quedas en la marquesina derritiéndote como un polo de fresa bajo
el sol, calculando mentalmente cuántos proyectos de los diez que gestionas (que
en realidad son cuarenta) podrías entregar mientras esperas a que aparezca un
milagroso vehículo con aire acondicionado... que cuando llega, o va hasta los
topes o el compresor del aire acondicionado murió en 1998. Pero lo peor es que
tenga el aire acondicionado nivel polar como me ha pasado con algunos… Entonces
la neumonía está garantizada. Subirte al transporte público (o entrar a la
oficina) donde algún iluminado ha puesto el aire acondicionado a unos árticos
16 grados para compensar. El resultado inmediato es un colapso respiratorio
fulminante: pasas de la combustión espontánea a un estado de congelación
profunda en tres segundos, pillando un catarro estival con mocos verdes en
pleno mes de agosto que te acompaña durante las "vacaciones" (si es
que tienes la suerte de catarlas) y no acabas antes como mi ex, O. en el
hospital. Pues sí, menudo susto tuvimos en julio.
Estaba yo de tarde de spa de esas
que sales de trabajar y coges cita para hacerte todo de todo en dos horas cuando de repente me llaman que está mi hija
con el padre en urgencias. En Madrid estaba cayendo la madre de todas las
trombas de agua. Pues aquí servidora llegó empapada como una bayeta al
hospital. Todavía me dura el catarro desde ese día.
Y luego haciendo repaso de cómo
siguió el verano pues nos quemaron media sierra madrileña y el humo llegó hasta
mi casa que desde ese día tengo una tos de perro (no me quito el catarro hasta
octubre). Después me puse de muy mala leche cuando nos invadieron Ceuta y ahí
siguen todavía y la semana pasada me tiré un buen rato haciendo malabares para
ver el eclipse tirada en el césped de un parque público de San Sebastían de los
Reyes (era lo más lejos que me permitía mi abono transportes y también por la
hora y el tema del trabajo claro).
En cuanto a terremotos tenemos el
de Granada (me pilla lejos) pero otro más cerca en el trabajo (esto da para un
post enterito). Llega un momento en el que he decidido trabajar lo que me dé la
vida pero sin morir en la orilla porque haga lo que haga un día se me cruzará
algún jefe enrabietado y me cesará. A mi nivel estas cosas pasan, tengo que
asumirlo, así que mejor ahorrar y perfil bajo.
Así que este verano he
aprovechado un poco para hacer algo de deporte, los días que la peque ha pasado
con el padre. Y con ella bajar a la piscina, que algo es algo. Y bueno, sigo
gorda como un tonel pero me veo más apretadita y con tres kilos menos.
Ya sé que llegará septiembre y los
follones del trabajo y los horarios me producirán ansiedad y me dará por comer
cosas raras nocturnas como chorizo con mermelada de fresa y licor de avellanas para
acallar ese runrún, pero hasta entonces
todo lo que le pueda ganar la batalla a la vida mierdosa y alejarme de la obesidad
pues mucho mejor.
Os preguntaréis: Vale, ¿y cómo va
el tema ocio y fiestas? ¿y ligues o lo que sea?
Pues apenas he salido, la verdad.
He retomado contacto con gente que hacía mucho que no veía y he conocido gente
nueva maja que promete. Y ligar no he ligado, y si he ligado ni me he enterado,
así tal cual. Rollos 0 patatero. Bueno quedé con Mister K pero eso no cuenta,
es una historia muy rara en la gama entre amigo y una no relación que cada vez
me da más pereza quedar, sobre todo si me suelta que le fue mal en el test de
la oposición porque seguro que están amañadas. Me ofendió y me ofendió mucho,
es tanto como decir que lo mío no tiene mérito porque seguro que algún amigo de
P.S me dio la plaza. Pues no, listo no, el 99,9 % de los funcionarios no
entramos a la administración por nepotismo o por ser la meretriz de algún
ministro casposo. Resulta que hay gente lista y que además estudia. Y un día
además tiene un poquito de suerte. Pero claramente si no estudia, aunque sea
listo (que cada vez empieza a caérseme más el pedestal donde lo tenía) si no
estudia pues no va a pasar nunca ni el primer examen.
Lo cierto es que el verano está
plagado de eventos en terrazas de esas pijas (rooftops) pero la gente que va a
esos sitios es puro postureo la mayoría. Voy por tomar copas baratas, estar
fresquita y deleitarme un poco la vista pero vamos, creo que sólo ligué una vez
en un evento de esos hace años y al
chaval no lo volví a ver, de vez en cuando me da likes en Instagram desde algún
lugar recóndito del universo (es un influencer de esos que parece que no eres
persona si no has visitado los 195 países de mundo y estado además en trescientas
playas exóticas).
Yo no sabía qué era Koh Samui
hasta que salió la noticia del pijo descuartizador, pero parece que no hay
influencer que no tenga fotos allí, en Goa, Sardinia (costa Esmeralda) o no
haya ido una sesión de David Guetta en Ushuaïa Ibiza Beach. A lo de Ibiza sí que
me apuntaría pero no me da la vida ni la cartera.
Pues os iré contando a la vuelta,
es como siempre un reto pasar una semana con mi hija en la playa.
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