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EN LO MÁS CRUDO DEL CRUDO INVIERNO

Feliz año del Conejo de Agua. Como es habitual en mí, me gusta hacer balance y buenos propósitos cuando comienza el nuevo año chino, me parece mejor ahora que ya han pasado las fiestas y con ellas las sobredosis de turrón que hace a la gente venirse más arriba que un DJ de la ruta del bacalao… Ahora, en mitad del invierno, sin guirnaldas ni cava ni azúcar en sangre es el mejor momento para reflexionar sobre la vida, sobre lo divino y sobre lo humano. Por cierto, para los que no tengáis una excesiva cultura cinéfila, el título de este post viene de una película buenísima de Kenneth Branagh que os recomiendo encarecidamente, porque justo viene a ilustrar el camino para motivar a la gente que tiene su corazón congelado, como lo tengo yo ahora mismo, que soy la mismita Elsa de Frozen. El hielo tiene su atractivo, y el estar congelado también. La vida no te hace año, la vives sin dolor, pasas por ella con una paz y nirvana digno de un monje budista. Pero…Realmente no estás viviend...

RESUMEN DEL 2022 Y PETICIONES PARA EL 2023

  Mitad de las Navidades y tengo la sensación de que siempre voy a la carrera sin parar y con la lengua fuera. Bueno, la sensación realmente no: La certeza absoluta. Echo en falta tiempo para mí, para cuidarme un poco. Y ya no me refiero a hacerme la manicura o a un curso de meditación tántrica sino a cuidarme físicamente. Por ejemplo hacer deporte. Algo de deporte, y sobre todo poder ir a una sesión de fisioterapia o ver un buen traumatólogo para paliar las tremendas lumbalgias que padezco algunos días a las que se ha sumado una tendinitis metatarsial de forma intermitente tras un resbalón en el metro un día que diluviaba. También debería dormir algo más, comer más sano y hacer una buena dieta. Y por último, hacerme los chequeos médicos necesarios cuando tocan y no con seis meses de retraso o más. Tengo una operación de vesícula pospuesta desde hace ya más de cuatro año. Suerte que no he tenido ningún cólico biliar pero esto es como tener un tigre dormido en tu sofá. Mi dí...

EL FINAL DEL VERANO

  En nada se acaba el verano y tengo la sensación de que no me ha cundido nada. Debe ser que entre ocuparme de mi hija durante más de mes y medio, el trabajo el resto del tiempo y encima hacer mil y una gestiones me ha llevado demasiado tiempo. Aun así he podido tener tres días de escapada a la playa (Benidorm toujours mon amour), haciendo las cosas locas que suelo hacer allí como es cantar en el Karaoke, montar en el toro loco hasta acabar con moratones y beber cócteles exóticos con nombres impronunciables mientras veo espectáculos que no se suelen ver en cualquier sitio, como es el de una demonia azotando con un látigo el trasero desnudo de los que se subían al estrado y se bajaban los pantalones, o una rubia con peinado a lo Khaleessi que se despelotaba y hacía malabarismos con antorchas en llamas. Lo otro, el rollo playero y deportes acuáticos pues también, pero eso no es patrimonio exclusivo de Benidorm claro está. Con mi hija no me he ido a ningún lado fuera de Madrid, ...

Vuelta al mercado sentimental

  Antes de lanzarme a disertar sobre el tema de cómo veo el panorama de las relaciones erótico afectivas en el mundo actual, voy a hacer un pequeño update de la loquera, como diría Boris Izaguirre, que ha sido mi vida en los últimos meses. Intentaré resumirlo lo más que pueda para no ser pesada, y lo haré como si fuera un conflicto bélico, que se asemeja mucho: ·          En paralelo con la guerra de Ucrania, he de decir que las hostilidades en mi antigua vida marital empezaron hace cuatro años y medio. Realmente mi divorcio comenzó el 6 de enero del 2018, día nefasto en el que O tuvo que atender un apagón en el edificio y estar todo el día a disposición completa de sus señores y amos, mientras su hija de un año y servidora permanecíamos a oscuras, sin comida, la niña con fiebre   y ambas medio secuestradas en casa ya que llovía a mares y el coche estaba en una zona del parking inaccesible. O no nos hizo ni caso, sólo se dedicaba a ate...

Larga sequía postdivorcio

 Hace mucho que no escribo, lo sé y os pido disculpas. Ya no sé siquiera si me sigue o me recuerda alguien. Escribo más que nada por desahogarme un poco, la verdad, porque no creo que consiga así el próximo premio Planeta, quién sabe. A primeros de año os decía que estaba pensando en hacer el doctorado y me había propuesto también firmemente progresar profesionalmente. Pero el divorcio súbito y contencioso (todavía estoy a la espera de la sentencia y me temo que el proceso en total llevará más de un año y ya llevo como diez meses), ha hecho que tenga que aparcar espero que no definitivamente pero sí temporalmente mi sueño de hacer el doctorado y dedicarme a la investigación si no a tiempo completo, al menos con bastante asiduidad. Los ajustes logístico-económicos que he tenido que hacer  ya que un divorcio contencioso es caro (me tenía que haber hecho abogada, notaria o procuradora) pero aún más caro será como me temo el tener que mantener yo sola a mi hija, y no digo en cuant...

Divorcio contencioso

Decía en el anterior post que el año había empezado con mal pie y que las desgracias, lejos de acabarse con el 2020, parecían que este año iban a empeorar. A título mundial o nacional, no llevamos ni tres meses de año y, bueno, una explosión de gas en Madrid, una cadena de terremotos en Granada, la tercera ola COVID, la cuarta ola, un volcán por ahí… En fin, nada más espantoso de lo ya espantoso de la nueva realidad. Ahora voy a contar más mi hecatombe personal, porque para mí este año está siendo una auténtica catarsis a todos los niveles y ya sabéis que yo suelo esperar a contar las cosas para no hablar en caliente, pero cuando lo suelto, lo suelto todo de golpe. Desde finales de diciembre he estado en una cadena de sinvivires in crescendo: Primero la familia de mi marido se contagia de COVID, os podéis imaginar el problemón entre infectados y aislados. Por suerte no hubo que lamentar desgracias. El balance se saldó con 4 contagiados, dos leves y dos como yo (lo pasé hace justo...

Desastres posibles para el 2021

  Estamos a mediados de enero y, ¿quién decía que el 2021 no podía ser peor que el 2020? Estábamos todavía comentando el horroroso edredón y mantel con que nos amenizó las uvas la Pedroche y digiriendo las “delicias” del consumado Brexit, el día de Reyes cenamos con la noticia de un asalto al Capitolio yanqui de unos tipos vestidos de orcos y vikingos. Esto, pero… Dramático e indignante es ya de por sí el asalto a un parlamento, pero… ¿Hacía falta ir disfrazados como Atila u Orzowei? Si no fuera por las víctimas sería más cómico y surrealista que dramático. Pero no terminamos de acabarnos el roscón duro que nos ha sobrado de ese mismo día que hete aquí que viene una borrasca de nieve (el nombre debería ser Elsa en vez de Filomena) que parece sacada de la película “El día de mañana” o mismamente “Frozen”. Aquí estamos a jueves y no damos abasto sacando nieve del carril del garaje, ya ni hablar de la acera, que durará helada hasta mayo.   Más de 100 años desde un evento simi...

¿Año maldito?

 Se acabó el 2020. Todo el mundo celebraba el otro día que se acababa el año maldito. Como si girar de nuevo alrededor del Sol de la misma forma fuese a ahuyentar a los virus y, lo que es peor, a los buitres que se aprovechan de la pandemia. Esto me recuerda una escena de una película de Supermán (atención Spoiler), en la que Loise Lane (la novia platónica) muere y Superman gira en sentido contrario a la rotación de la Tierra et voilá, revierte el tiempo y llega a tiempo de salvarla. Una estupidez mayúscula, pero bueno, si alguien cree que se puede ser un superhéroe embutido en un traje más propio de una despedida de soltera, ya cualquier cosa es tragable y creíble... El caso, volviendo a la maldición del 2020, es que la gente piensa que el año pasado ha estado maldito y que comiendo las doce uvas se espanta ya la maldición. Pues no, os voy a chafar el sortilegio: El año pasado hemos sido víctimas de una pandemia o de una plandemia, según opinemos que ha sido casualidad o que ha ha...

Espejismo de normalidad

Comenzaré con un chiste de Eugenio el chiste es algo así cómo… “¿Saben aquel que diu que va un fulano al médico y le pregunta doctor qué tengo que me encuentro tan mal?… Y el galeno le responde: Es un cáncer de páncreas terminal, le quedan tres meses de vida.   Y el hombre aterrorizado le dice llorando, pero doctor… ¿No hay nada que pueda hacer para ganar más tiempo de vida? Y le responde: Bueno, deje de beber, de tomar el aperitivo, de fumar, de tener relaciones, de salir con los amigos, de comer dulces, salados, grasas… Y nada de trabajar, ni de estudiar ni de de ver la tele incluso, ah y nada de deporte, ni playa ni pasear, ni compras, o sea nada de nada, sólo puede estar tumbado viendo telediarios o haciendo crucigramas… Y el hombre todo lloroso dice… ¿Pero con todo eso viviré más entonces? El médico responde: No, pero se le van a hacer los tres meses que le quedan como siglos… Pues eso es lo que se me asemeja la “Nueva Normalidad” que nos han aconsejado.   Siento...